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Talking about El sueño de una mañana de Noviembre

 

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El sueño de una noche de Noviembre

Las calles que aparentemente cruzaba descalza en aquel lugar parecido a un sueño, o al menos perdido en algún lugar del subconsciente, eran tan familiares para mí como si pasase por ellas una y otra vez. El suelo estaba surcado por mármoles rojos intercalados con blancos, lo que posiblemente en un tiempo no demasiado lejano hubiese dado cierta impresión de sanidad, incluso puede que de buen gusto. Pero ahora mismo la piedra, que pisaban unos pies descalzos, estaba desgastada, formando un mosaico de inapelables grietas. La suciedad cubría prácticamente cada centímetro de aquel entramado de piedra, por el que caminaba el ciudadano de a pié, posiblemente más preocupado por sus propias preocupaciones, cotidianas, vulgares, monótonas, que por el insustancial hecho de que la losa bajo sus pies se hallase en un estado bastante deplorable.  Ninguna mirada quedó perturbada por tanto ante el bastante inusual hecho de que aquella chica caminase descalza por la acera sucia. Caminaba con paso firme y decidido, pero si la pudiésemos ver de frente, mientras se ensuciaba los talones en la piedra desnuda, podríamos comprobar que no sabía muy bien dónde iba. Ni el miedo ni la indecisión nublaban su rostro; sus ojos afrontaban cada paso que daba mirando hacia adelante, simplemente. Sin precauciones, sin sensaciones. Como si fuese un autómata.  Ni siquiera el frío inherente al mármol que cubría el suelo por donde casi se deslizaba, más que andaba, desencadenaba ningún tipo de sentimientos a aquella chica de ojos verdes.  Quizá por eso no llamaba mucho la atención, pues caminaba como el resto de transeúntes: con decidida indecisión.

Claro que teniendo en cuenta que un extraño hombre la seguía a distancia, quizá el objeto de su marcha no fuese tan indeciso. La distancia que había entre el extraño y la chica de ojos verdes era lo suficientemente amplia como para no saber con total certeza que a uno le están siguiendo. Pero no lo suficiente para no poder intuirlo. Y aquellos ojos decididos y verdes intuían los pasos protegidos por zapatos negros que aquel hombre llevaba dando desde hace largo tiempo, en la misma dirección que ella. La mirada de este hombre estaba perdida entre las sombras de unas ojeras interminables, insondables,  profundas y misteriosas, que agudizaban aún más la delgadez casi extrema de su rostro. No era un hombre demasiado mayor, pero las entradas le empezaban a despejar las sienes de todo elemento ajeno a su propia carne. Sus ojos no eran negros pero tampoco marrones, eran una oscuridad que parecía anhelar la luz verde de la víctima cuya silueta avistaba a distancia. Tenían un brillo terrorífico, de inteligencia fanática, el brillo que tienen unos ojos cuando han divisado su presa, y tienen muy claro que es lo que hay que hacer. Si aquel hombre fuese un lobo,  cualquiera diría, mirándole con audacia, que sus ojos reflejaban simplemente la carnicería que estaba por venir: colmillos, sangre, carne desgarrada, dolor y muerte. La caza más salvaje.

Quizá ella lo intuyó, o  quizá hay una parte de la historia que no sabemos y que irremediablemente puede ser clave en el desarrollo de los acontecimientos. El caso es que aquella chica andaba descalza sobre mármol agrietado, ajena al mundo que le rodeaba, excepto quizá por aquel hombre que se acercaba decidido hacia ella en la distancia.

Un jersey verde oscuro con capucha sobre los hombros llevaba el particular cazador de esta particular historia, y su pelo, que no hemos dicho que  era gris, se desplazaba en ondulaciones con el viento de la tarde que acariciaba aquella ciudad. Y fue que la noche llegó como apresuradamente, nerviosa, queriendo saber el final de esta historia de persecución tan extraña como la imaginación de un hombre que sueña. Ansioso por anticipar el desenlace a la luz de una luna que iluminaba todo como en una película, el hombre aceleró el paso hacia la no tan desprevenida presa, que seguía su camino hacia ninguna parte. Aún se puede oír, en el recuerdo de un sueño, la excitada respiración de aquel hombre, que desprendía peligro y olía a muerte, a sangre, a dolor. A punto de darla alcance, alargó sus manos grandes y huesudas hacia aquella chica, que se paró en seco y le miró, como contemplando con valentía estoica el destino que le iban a deparar aquellas manos de uñas negras. Aceptaba su destino con la abnegación con la que se extinguen las civilizaciones. Ya se podía sentir el contacto de la piel de una mano helada con el terso y esbelto cuello de la impasible víctima, en el marco de una noche ávida de sangre, o de cualquier otro desenlace para la historia, que se empezó a narrar como la curiosa historia de una mujer caminando de la mano de la tarde por losas agrietadas. El misterio que sobrelleva el final de los días estaba a punto de desencadenarse, cuando surgió de la nada una figura impensable, increíble. Un animal salvaje se acercaba con curiosidad a aquel hombre, surgiendo justo en el momento en que la presión mortal que iba a cortar el flujo sanguíneo de la presa estaba a punto de iniciarse. Aquel animal andaba, como otras bestias de la tierra, a cuatro patas, y a cada paso que daba desataba una sensación de fuerza contenida que no dejó indiferente ni al cazador ni a la presa. Así, cuando aquel León, surgido de la imaginación incontenible de la fase REM del sueño, se acercó al hombre que en esta historia encarna el papel de malvado asesino, éste no pudo evitar denotar en su rostro la maldad de su corazón; y así sus ojos se hicieron impensablemente  grandes en medio de aquel rostro taciturno, de aquella fisonomía de traidor, clavándose en los ojos de la noble criatura, que lo miraba con curiosidad; como aquel ser que contempla a una malvada alimaña apresar a su indefensa víctima y, sabiéndose superior, sabe que solo cabe esperar la huída. Así fue como, con el rostro distorsionado por el dolor que causa al ser humano el miedo y la frustración, aquel hombre se fue tan rápido como un suspiro se pierde en la masa de aire que nos rodea. Los ojos verdes de ambos seres se encontraron en el espacio.  Buscaban una respuesta, sobre lo que podría suceder a continuación. Hasta que , plácidamente cerrados los ojos, aquella chica fue engullida en tres veces, primero hasta la cabeza, luego avanzando hasta las piernas, y finalmente de una pieza, por las fauces de aquel león. No acaba aquí la historia sorprendente de  un sueño de noviembre, sino que la locura del durmiente nos lleva por fin a un final de los más inesperado. Al menos para mí. Porque estaba yo plácidamente en mi casa, haciendo no se qué cosas, de esas cosas cotidianas y monótonas, cuando alguien llama a mi timbre. Y, encontrándome solo en mi casa, como era el caso, otra cosa no podía hacer que levantarme y abrir. La sorpresa tendría que haber sido mayúscula ante lo que me aguardaba,  y sin embargo la naturalidad fue la tónica predominante en aquellos minutos. Pues no todos los días llama un león a tu puerta, y sin embargo allí estaba, en la paranoia más divertida de un sueño profundo, cuyo destino es ser recordado. Abrí la puerta y el león de nuevo me miro, con esa mirada de inocente curiosidad suya, verde brillante. Pude darme cuenta de que el brillo era de cierta alegría, como si al fin hubiese encontrado un rostro familiar, amigo.  Vomitó allí mismo, sin ruidos ni escenas desagradables, en tres veces y de una pieza, a aquella chica de ojos verdes, que resultaba ser mi novia. Más tarde y en aquel sueño nos encontrábamos nosotros dos y mi hermano, contemplando un cuadro: era de unos perros sentados en una mesa, jugando a las cartas. Y lo mirábamos con interés, con curiosidad, hasta con admiración. Se puede imaginar cualquiera que me hubiese gustado darle a la historia un final digno, darle un desenlace espectacular, meter efectos especiales. Pero estoy describiendo el sueño tal y como lo recuerdo. Porque sí, toda esta historia no es más que el sueño de una mañana de noviembre.

Poesia triste, poesia cachonda

La triste: entre la bruma de los celos.

Sus ojos son un alma que se refleja desde el fondo de una mirada

Y me dice te quiero con dulzura, con cariño, esperando la réplica

Busca una respuesta en mi cara, incluso en mi reflejo en la ventana

Yo la miro y sólo puedo preguntarla sin hablar, ¿me mientes?

¿Entre qué gentes estará tu corazón, a quién anhela tu alma?

¿Soy la punta de flecha de tu consuelo, que mata la soledad helada?

¿O soy el amor verdadero, la columna maestra que buscaba tu espiritu?

¿Soy el soldado de reemplazo, de otro que deseabas, y que ha huido en la reyerta?

¿O soy un héroe condecorado, que ofrece su pecho a la bala, y que cuidas con esmero?

¿Son mis ojos glaucos, amantes sinceros, con los que tu soñarás ésta noche de invierno?

¿O son las pupilas de otro las que verás cada noche, hasta que el olvido sea su entierro?

Cae la hora de la venganza en mi corazón, que  es como un puño sangriento que palpita

Una mano cerrada que quiere abrirse a tus promesas de amor eterno, aferrarse con fuerza,

Y el terror y la derrota consisten en que se va abriendo, inseguro, entre la bruma de los celos

 La cachonda: Teoria del desfase (logaritmo vibratorio)

No puedo creer en la creencia de todo lo que pienso

Porque existe ciertamente un cierto desfase

Entre lo que veo alrededor y en el sabor de tus besos

Entre lo que siente mi propio corazón y en el color de tu pelo

Hace poco eras rubia, morena y pelirroja, vaya desfase!

Entre lo que me dices, lo que te digo, lo que los dos queremos sentir

Y los hechos acaecidos, sin ti, sin mí, hay un desfase

Entre los celos, el cuerpo, ¿quién está gordo aquí? Denoto desfase.

¿Quien estuvo conmigo? ¿Quien junto a ti? ¿A quién le importa?

¡Nos importa a ti y a mi! No tiene sentido, añade mas desfase.

¿Por qué estamos juntos? Que quieres tú de mi? ¿Y yo de ti?

¿Acaso no lo sabemos? ¡Claro que sí!, al menos yo por mi parte…

Como no puedo escribir por ti, quizá acontezca de nuevo el desfase.

Tus ojos son verdes y los míos, azules, desfase pupilar garantizado.

Pero cuando tu boca se encuentra a la mía en el reducido espacio de -10

¡¡¡Mi corazón si que late fuera de ritmo, completamente desfasado!!!