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日志


Desvario Nº1

Insólitamente, hoy me apetecía ponerme a escribir. Es extraño, realmente. La cuestión es que no tengo aún claro de que voy a hablar, aunque me hago una ligera idea. Actualidad política? Puede ser. O puede ser que no. En todo caso, la cuestión es que me apetecía escribir, cualquier cosa diría yo; el caso es rellenar un folio y hacerlo con la suficiente delicadeza para que el lector, en el ánimo de leer algo un poco coherente (o no), se encuentre con algo lo suficientemente alentador como para empezar las primeras líneas y llegar hasta el final sin saltarse la mitad. Consiste en no ser un proverbial coñazo. Y no es tarea fácil, mas ahora que se de que voy a hablar… efectivamente, los peores presagios de los lectores que sagazmente han llegado, no sin esfuerzo, a estas líneas, se han hecho realidad. Voy a hablar de política.
No hace falta saber leer los hígados de buey al estilo sacerdote cartaginés para darse cuenta de que a todos los lectores se les ha pasado la palabra “zapatero” por la cabeza nada mas leer la palabra “política”. Lógico. Efectivamente, no voy a hablar de el. Ni del estatuto de Cataluña. Ni de ETA.

Voy a hablar de nosotros. Ignoro si coincidire ideológicamente con alguno de los pocos lectores que se van adentrando en las más profundas líneas de esta maraña de ideas, que van fluyendo como frases, más o menos leíbles, en formato html. Pero la expresión “nosotros” es exacta. Me refiero a “nosotros, los votantes”. Aquellos que tenemos directamente la culpa de poner y quitar a aquellos otros que luego cometen las pifias más sorprendentes en nombre de la democracia.

Si, nosotros tenemos el poder ( como aquel héroe de los ochenta, montado en su tigre verde), es lo gracioso que tiene la democracia, que si tienes +18 años puedes elegir al que luego elige las correspondientes pifias a cometer.

La política se podría describir como la sorprendente habilidad que tienen los políticos para vendernos proyectos futuros que luego se llevaran a cabo (o no…). Se supone que los partidos políticos tienen una ideología concreta, diferenciada, pero todos buscan lo mejor para nosotros. Nosotros luego nos lo tragamos, y votamos. Algunos no lo hacemos, en la creencia de que, al final, va a dar igual el color del voto, porque todos se acaban destiñendo.

No voy a ser hipócrita. Yo voto. Yo, me lo creo. Muchos de nosotros creemos. El sistema funciona, de hecho. Con mas o menos cagadas, pero funciona. Es lo mejor que hay. Funciona más allá de la teoría. Porque, en teoría, funciona hasta el comunismo… en teoría.

Es increíble lo extraordinariamente aburrido que puede ser para el común de los mortales un tema tan increíblemente relevante como lo es la política. A pocas personas les gusta hablar de política, a muy pocas.
De hecho, mucha gente vota con el estomago (es decir, le da literalmente asco un determinado partido y/o ideología o dirigente), o con el corazón (versión sentimental del voto estomacal: se vota en la creencia de un país/mundo mas justo y mejor, pero sin tener ni idea realmente de por qué).

Esto proporciona la parte mas irónica de todo el sistema: los partidos políticos se gastan una pasta en campañas electorales (pasta subvencionada en parte por nosotros, queridos amigos) para explicarnos algo que a la inmensa mayoría le importa un comino saber: su programa electoral. O lo que es lo mismo, que es lo que van a hacer si gobiernan… al menos en teoría.

Es aquí donde desaparece el término nosotros, y aparece el término “masa”. Efectivamente, el secreto esta en la masa. Puede ser fina o gruesa, pero ahí esta el meollo de la cuestión. La masa se produce cuando el individuo deja de pensar como tal, (se han dado casos en los que directamente se deja de pensar), apoyando directamente al colectivo estomacal del que el anteriormente individuo y ahora borrego cree formar parte (colectivo estomacal: grupo de “opinión” formado por situaciones estomacales; es decir, pasionales: guerra civil, racismo, etc.). Aunque no es la única razón, puede darse el caso de que, simplemente, el individuo nunca haya existido como tal. Es triste, pero es así.
Pues bien, la “masa” es la base de voto de cualquier partido político. Pase lo que pase, nunca cambian de voto.
Luego nos encontramos con el que podríamos denominar colectivo de la caridad, que votan en la creencia, a veces coherente, a veces no, de que es necesario un cambio para mejorar una determinada situación; por ejemplo, la gente que voto al PSOE por los atentados del 11M. Esta gente, que suele ser ideológicamente promiscua, cambia el voto en relación con su situación económica o social. Si es buena, mantienen el voto; si no, lo cambian. El único problema de este colectivo es que les importa un mojón de vaca lo que los partidos políticos puedan ofrecerles a corto o a largo plazo. Solo quieren vivir tranquilos y comer bien.

A ellos van dirigidas las campañas electorales; si un partido les ofrece pollo, el otro les propone pavo. Y así. Es mas, cada vez son propuestas más fáciles de comprender, más populares, así que quizá algún día propongan efectivamente pollo o pavo para ganar su confianza. Este grupo suele acabar formando parte de algún colectivo estomacal, y por tanto de la “masa”.

Luego hay un grupo de ingenuos, entre los que yo me incluyo, a los que les importa lo que los partidos políticos les puedan ofrecer. No es que se lean los programas electorales, a veces si, pero normalmente tienen una cierta capacidad de reflexión (tampoco excesiva), para comprender lo que un partido u otro puede ofrecer.
Espero que nadie se sienta ofendido, porque por nosotros funciona el sistema democrático. Por todos. Pues hale, a tomarse una tila después de leer este tostón, valientes, que sois unos valientes.

He hablado de actualidad política? Pues puede ser que no…

filosofia de vida MOE. Nos os asusteis, no es para tanto...

Si puedes conservar la cabeza cuando todos a tu alrededor
pierden la suya y por ello te culpan,
si puedes confiar en ti cuando de ti todos dudan,
pero admites también sus dudas;
si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o siendo engañado, no pagas con mentiras,
o siendo odiado, no das lugar al odio,
y aún no pareces demasiado bueno, ni demasiado sabio.

Si puedes soñar - y no hacer de los sueños tu maestro,
si puedes pensar - y no hacer de las ideas tu objetivo,
si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre
y tratar de la misma manera a los dos farsantes;
si puedes soportar el oír la verdad que has dicho
retorcida por bribones que hacen trampas para tontos.
O mirar las cosas en que tu vida has puesto, rotas,
y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas.

Si puedes apartar todas tus victorias
y arriesgarlas en un cara o cruz,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir nada de lo que has perdido;
si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado,
y así resistir cuando no te quede nada
excepto la Voluntad que les dice: «Resistid».

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud,
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
si los enemigos y los amigos no pueden herirte,
si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
si puedes llenar el minuto implacable
con los sesenta segundos que lo recorren;
tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita,
y -lo que es más-, serás Hombre, hijo.