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日志


Mi experiencia como Camarero (ja, ja, ja)

La profesión que nunca tendré sin causar daños personales a mis clientes: Yo, de camarero.

 No es que tenga nada en contra de la profesión de camarero, sinceramente. Es más, es una profesión utilísima para la sociedad. Si bien es verdad que en España, y en general- esto no quiere decir que no haya grandes profesionales, que los hay- los camareros en la mayoría de las ocasiones te tratan como si te estuvieran haciendo un favor, y supongo que todos hemos vivido acontecimientos como una camarera borde que te atienda con cara de mala leche y a gritos, o el camarero que, movido por no se qué situación personal o profesional, algún dilema atrapado entre la circunstancia de que le haya dejado su novia o novio y la otra circunstancia de que, realmente, eso de ser camarero no era precisamente el trabajo de sus sueños, te arroje el plato a la mesa de una manera violenta y en ciertas ocasiones cruel, desparramando la salsita de las patatas bravas por las proximidades del mantel, y creando una hostilidad momentánea en el ambiente. He estado en varios restaurantes en varios sitios alrededor del mundo, y a pesar de que no me considero un sibarita, más que nada porque mis recursos económicos distan mucho de los que realmente se necesitan para serlo, jamás me ha pasado ninguno de los dos accidentes, cosa que en España sí que me han pasado. Qué cojones, si hasta en los McDonald de París te atienden mejor que algunas terrazas de plaza de España, que ya manda huevos.

El caso es que tras ver una competición de camareros en un canal de Polanco +, digo, lo siento, debe ser un problema en el cortex, quería decir, en Digital +, me he planteado cual sería mi situación en una posición similar a la de esos personajes que, en principio, ayudan a que nuestra estancia en los locales donde trabajan sea lo más agradable y eficiente posible.

Conozco gente, mucha gente, quizá no pueda decir que cientos de personas pero  casi, a la que la imagen de una bandeja, cargada de copas, aperitivos y demás platos, posando sobre una mano mía les produce más pánico que ver una araña gigante comiéndose la cabeza de alguien.

Porque sí, la torpeza es algo inherente a mi persona, tanto como los anuncios de Gillette a David Beckham o los transplantes de riñones al Dr. House (cada dos/tres capítulos, hay uno).

Aún así, intento sobreponerme a la idea de que la gravedad me haga una jugarreta, de verdad, sé que es imposible, pero lo intento, y después de una hora de meditación estilo el Club de la Lucha, es decir, buscando al jodido pingüino en la puñetera cueva, consigo meterme en la situación. Mis manos son, finalmente, armas letales, y no por los afilados cuchillos que caen de ellas en situaciones extremadamente peligrosas, sino precisamente por lo contrario: no se había visto tanto equilibrio desde que Bruce Lee ganó A Chuck Norris en Operación Dragón. Dicen que Chuck se dejó. Y posiblemente, así fue.

Ahora que soy el camarero perfecto, en lo que a equilibrio se refiere, me imagino interactuando con mis clientes. Y lo hago bien, todo hay que decirlo; soy un chico medianamente educado y sobrado de paciencia.

 

Entonces intento profundizar más en el papel, lo que requiere un nuevo esfuerzo sadomasoquista de concentración, volver a meterme en la cueva a buscar al pingüino que hay en mi interior. Pero resulta que el cabrón del pingüino no está, puesto que le han cogido para hacer de secundario en la secuela de Happy Feet. Lo que sí encuentro es al oso perezoso de Ice Age, y le doy una soberana paliza partiéndole témpanos de hielo en la cabeza, hasta que finalmente logro encontrar la inspiración para el papel. El bichejo murió, por cierto. Así que no va a ver Ice Age 3, lo cual estaba clarísimo: ¿cómo cojones van a aparecer los dinosaurios durante la era glacial y después de las ardillas?? ¿Acaso quieren confundir a los niños, para que sus padres les lleven a ver dinosaurios al zoo? ¿Quién va a sacar provecho de todo esto? ¿ logrará Shrek rescatar a Fiona de las manos del malvado príncipe de Zamundia (sí, Eddie Murphy)? ¿ de qué coño estaba yo hablando?

Ah si, ya me acuerdo. Pues eso, después de ponerme en la piel de un camarero de veintimuchos trabajando todo el día y frustrado por ello y por todo lo que pudo ser y no fue se me ocurren algunas de éstas respuestas ante determinadas situaciones(seguimos suponiendo que el dominio  que tengo de la bandeja es total: la bandeja y yo somos uno):

1)Un cliente se queja de que no le he traído la carne como la quería, bien hecha, dice que está poco hecha. con otras mesas que antender, agobiado por el jefe y por el cliente, y ante la visión de un trozo de carne totalmente chamuscado y aún así no lo suficientemente hecho, mi última contestación, sin ser desagradable,  es un poco subidita de tono. El cliente, muy educado él, me espeta que le estoy resultando una persona muy desagradable, así como lo leéis. Yo, educado a mi vez, le contesto con una bellísima frase de Valle- Inclán:

- Sin embargo, usted a mí me parece una bellísima persona, pero podemos estar los dos equivocados

 

.2) En otra ocasión,  tras la barra, un señor trajeado y de peores modales que el anterior, asemejando un señor que ha llegado al poder de alguna inefable manera (se me antoja que es concejal del PSOE, pero tal y como está el patio, nunca se sabe), me sugiere que los 36 tequilas que se han tomado sus amiguitos van a quedarse sin bronce, puesto que es ya un privilegio que vengan a beber a mi garito. Yo le indico que, aunque fuese el mismísimo Paquito el de Los Palotes, le cobraría. A lo que contesta, airado:

Señorito, ¡no sabe usted con quién está hablando!

Instante en el que me vuelvo a mi compañero de fatigas, y le digo:

- Mira, ¡otro gilipollas que no sabe ni cómo se llama!

3) En este supuesto, servidor se encuentra trabajando en una discoteca. Como en casi todas las discotecas, es evidente que la mayoría de camareros no son camareros, sino camareras, todas más o menos agradables a la vista, por aquello de hacer carne con carne, claro está. Tenemos un puerta que más que un puerta es un armario, de 2 x 2, y lo cierto es que el precio de las copas es alto: estamos por lo tanto ante un garito de calidad. Y de moda, porque está lleno.

Es entonces cuando llega el típico macho ibérico de toda la vida, pasado de copas, que le pregunta gallito a la camarera, rodeado de sus amigotes:

-Bonita, por el precio que he pagado por esta copa, ¿puedo tocarte el culo?

La chica no se inmuta por un momento, y le dice, muy seria:

-déjame repasar la lista de precios… pues no, pero por este precio tienes derecho a que te dé por culo el puerta.

 

 

 4) Estoy de camarero en un restaurante muy bueno, y soy especialista en vinos(algo que no seré  nunca en la vida, desgraciadamente… bueno, ya se verá). El restaurante es tan bueno tan bueno que sirve vinos de la baja california, que son malísimos, a un precio desaforado, y yo trabajo bajo el apodo de “wine connoiseur”, para darle así un toque más chic al asunto. Seguramente se trataría de “El Bulli”, o algún restaurante de esos donde realmente no comes, esnifas vapor con sabor a bistec y esas cosas.

En todo caso, un pijo muy pijo, de esos con el pelo engominado con líquido limpiacristales, me llama con cierto desaire. Me acerco, solícito, a la mesa, a indagar cual es el mal que preocupa a mi cliente:

-¡Camarero, este vino sabe a polla!

Obviamente el día ha sido tedioso y aburrido a más no poder. Y al fin y al cabo, estamos en el país donde se escribieron obras como “La vida del Buscón llamado Pablos” o  “lazarillo de Tormes”, así que, con un tono de voz sobrio, y a la vez sereno, inclinándome hacia delante para que me oiga mejor, le contesto:

-Es imposible, señor, en “El Bulli” sólo servimos vinos de excelente calidad. Debe ser que le está repitiendo algo que haya comido antes.

 

 

Así que, ya sabéis, tened cuidado con los camareros, porque pueden ser la gente más agradable y más profesional del mundo- como ya he dicho, la gran mayoría-, pero a veces, intentad no mirarles a los ojos, siquiera a a la cara; si os miran mal u os lanzan los entremeses a la mesa, tratad de huir, si no podéis, sed sumisos y prudentes; en esos momentos no atienden a razones, no son como nosotros. Vuestra integridad física y psíquica pueden estar en peligro.