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日志


la misteriosa muerte de Calzones Amarillos

En una pequeña ladera bañada por el sol del mediodía, cuando era mediodía, y por la luz argenta de la madrugada, cuando era madrugada, se hallaba el pequeño poblado Sius más pequeño que existe en la reserva india de Cuahtemochiplitiarriquitaun. Era un poblado modesto, que no tenía grandes lujos, y si muchas privaciones. En las casas de los lugareños no había fonopuerta, sino pequeñas heces mohosas que utilizaban a modo de cantos planos, para tocar en la ventana del visitado, y que éste procediese a abrir la puerta, mediante un sistema de contracargas basado en la ley de hont: si querían los nacionalistas, abrían. Si no, pues no.  En las casas no había frigoríficos, sino indios con las manos frías que sujetaban la comida. Calentaban sus casas, en este ingeniosísimo paso de hablar del frío a hablar del calor, con gas natural. Pero natural, natural. De ese que te quedas tranquilico después. Había ventanas, y puertas, incluso había habitaciones y todas esas cosas que os gusta a vosotros que haya en las casas de los indios, alguna piel de lobo, de toro, de oso de los bosques, de cordero lechal, etc… lo que no había era vaqueros, porque básicamente el presupuesto no daba para más, y la alternativa era poner sombreros a los buitres, pero eso quedaba muy cutre y al final pues lo tuvimos que dejar tal cual. Pero no pasa nada, porque la cultura de los Sius daría para unas líneas más y así dejamos descansar a los Clín Isbut y compañía, que ya se están quedando viejunos y tampoco les vamos a tocar los guarripeichis a base de galopadas y cargarse indios y esas cosas que os gustan a vosotros tanto, todo sangre y destrucción, con indios en culos por todas partes, y alguna vaquera ingenua con un generoso escote.  Lo del  escote también lo probamos pero no hubo manera de convencer a mi primo Deuterenomio el del pueblo. Sólo quería salir desnudo, pero el atrezzo de la piel de oso ya lo teníamos, así que tuvimos que decirle que no.  El caso es que en aquella pequeña ladera de Matapuercos vivían los Sius, que eran así como indios pero en blanco. Eran blancos sucios, pintaos. El jefe de aquella simpática ladera llena de indios era Calzones Amarillos. Sus profundos ojos negros estaban llenos de paz, y de legañas. Reflejaban la sabiduría de civilizaciones antigunas, como la Encarta. No obstante, a diferencia de todas las tribus de las de antes, en las que el jefe se elegía por su sabiduría, por su edad, por su valor, por su honor, por su inteligencia, por su carisma para con su pueblo, los Sius eligieron a Calzones Amarillos por una razón muy sencilla: era el mas oscuro de todos, el que más indio parecía. Todos los viernes, Calzones Amarillos mandaba una expedición al Caprabo, a comprar alcohol en cantidades abundantes, y  se reunían en Alonso Martínez y se ponían a contar historias y a hacer el indio.  Vivían de lo que les daba ElCampo. Perdón, quería decir Alcampo, pues allí trabajaban de transportistas. Pero a pesar de lo que pueda parecer, no todo era paz y felicidad en la tribu. Calzones Amarillos tenía un enemigo mortal, que deseaba su muerte más que la tercera edad desea a Sara Montiel. Todo aconteció el día del 24 cumpleaños de Calzones Amarillos. Mojino Escozío, el anterior jefe de la tribu, había muerto de cirrosis, y era necesario, esencial para el devenir de la tribu, elegir otro líder que supiese colar a toda una tribu en el Kinépolis. Sólo quedaron dos candidatos posibles a suceder al viejo líder muerto- murió con casi 35 años, casi ná…- Calzones Amarillos y Cerumen En La Oreja. La prueba de fuego que determinaría quién sería el líder era vencer al malvado demonio Sífax. Sífax tenía forma de segurata de la discoteca Pachá. Sería aclamado jefe de la tribu aquel que consiguiese derrotar a Sífax en Combate singular. Cerumen En La Oreja, que era un hombre enratonao, con el pelo churretoso- no se le veía limpio-, intentó acometer al monstruoso puerta de la única manera en que tendría algún tipo de posibilidad de vencerle. Intentaría darle pena  y, cuando estuviese descolocado, con el lacrimal desbordado por la sucesión de patéticos acontecimientos que le iba a contar, le daría una patada justo en la parte donde los cojoncillos están menos recauchutados, y no es que duela, es que jode. Con esa idea había tenido la precaución de llenarse de bolitas de papel la punta del zapato, para no hacerse daño el, se entiende. Se acercó a él y empezó a contar todo aquello que había pensado soltarle: “ mis padres eran hippies, me dieron una educación muy liberal, no me regañaban nunca y teníamos que ir siempre en culos… bueno, que eso no era una educación ni era nada.  Pero claro, yo siempre he sido una persona sensible, no sabes? Y  me traumatizó tanto que cuando mi tía Leocadia me regaló un Hamster no se me ocurrió otra cosa que someterle a una operación de cambio de sexo, pero claro como era tan pequeñito el pobre animal, me equivoqué y le hice un pene que más que un pene era una pena: me salió más doblado que una curva de la M-30. Desde entonces, el pobre Abominable siempre mea hacia la izquierda. Pero  bueno, en realidad nunca se quejó porque es un animal muy callado y no molesta mucho. Lo único es que hay que tener cuidado cuando lo coges, porque el roce le hace pupilla en sus cositas. Hay que cogerlo siempre tumbao a la derecha- En este punto, el guardia le pidió amablemente que se marchase. No le escuchó, porque en la tribu de los Sius, los nombres indios no son cursiladas, son hechos reales. Y Cerumen en la Oreja es Cerumen en la Oreja. Calzoncillos Amarillos es… bueno, sigo con la historia-, porque si lo coges hacia la izquierda pues está mal. Cuando crecí intenté dedicarme a la industria del porno, pero no me dejaron porque soy feo. Míreme, soy muy feo. Soy más feo que un bulldog masticando una avispa. Soy tan feo, que cuando nací, el doctor fue a la sala de espera y le dijo a mi padre: “hicimos lo que pudimos…pero salió”- en este momento, el segurata se crujía los nudillos a la vez que sonreía misteriosamente…-, fíjese si soy feo, que mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugase conmigo. Soy tan feo, que trabajaba en una tienda de animales, y la gente no paraba de preguntarme cuánto valía yo. Una vez en una discoteca una chica absolutamente perfecta, como esas que salen en la televisión, vino hasta donde estaba yo, que me había acercado hasta aquella discoteca por oler, y me dijo “ ven a mi casa, que no hay nadie”. Cuando llegué no había nadie. Además tengo un problema gastrointestinal interno que hace que… prrfadd-eructo-, ups… un provechito, jeje….-los puntos suspensivos acontecen porque, en medio de la explicación, un puño crujió la mandíbula de Cerumen en la Oreja: le había avisado ya tres veces para que se largase, su suciedad corporal le impidió oírlo, y le dio un recadito, porque le tenía que dar, claro-… bueno, tampoco hace falta ponerse así, que ya si eso me voy sin más, eh? Sin problemas ni cosas así bizarras. Que yo reparto felicidad…”. Así fue el contundente fracaso de Cerumen en la Oreja.

Ahora probó suerte Calzones Amarillos, que se acercó a Sífax y le dijo:

 -Tío,... se los has contado a todo el mundo menos a mi
- ¿El qué...?
- Los pelos de los huevos!!!

En ese momento un musculado brazo de gimnasio o de anabolizantes para caballos, o quizá un poco de todo, un fifty fifty de esos, descargó su mala leche sobre la cara de Calzoncillos Amarillos. Pero justo antes de que el impacto rompiese los vasos sanguíneos, los huesos y demás tejidos de la nariz de nuestro héroe, éste grito: “soy hemofílico!!”. El puño se paró a la vez que una mueca de asco surgió en la cara del puerta, momento que Calzones Amarillos aprovechó para impulsar su cuello y con él su cabeza, que iba pegada, hacia la arquitectura nasal del bicharraco aquel. Brotó sangre y el mareo hizo que el segurata cayese de culo sobre el sucio suelo. Allí, entre la masa de gente que luchaba por entrar, Calzones Amarillos pugnaba por salir antes de ser apalizado por los amigos de aquel ser. Vitoreado, fue proclamado líder, aquel trece de abril, el mismísimo día de su 24 cumpleaños. Mientras tanto, su rival lloraba en una esquina, “ayyy, ayyy”, con cara de… bueno, con cara de que se la hubiesen partido. 3 años después, en el 27 cumpleaños de Calzones Amarillos, se celebró una fiesta de las que no se hacían en el campamento desde que secuestraron a Tamara, digooo… a Ambar, y montaron un espectáculo con un gitano y una cabra.  Tamara comía cosas de metal  encima de la cabra y el gitano tocaba la guitarra entre tanto. Esta vez contaban con la presencia del Coro de Pedos de Basauri, que crearon un ambiente mágico en medio de la noche, con fuegos artificiales y olor a quemado.  Calzones Amarillos se levantó a decir unas palabras: “Estimados…”. Y murió. Y esto es una muerte más misteriosa de la que puedan escribir en sus libros tanto Stephen King como Michael Crichton, que además son más largos que la infancia de Heidi, más aún que el campo de Oliver y Benji. Porque… sabéis por qué murió así, de repente?. No lo sabéis. Y yo tampoco. Esto es más misterioso que la portera de Edgar Alan Poe…y más simple que el vocabulario del correcaminos. Si, amigos, si. Mec- Mec.

Papilla de Guizmo: huele a pies y sabe a chorizo.

A pesar de que el día sea largo cuando lo ha sido, es decir, cuando empezó para mí a las ocho y media de esta mañana, tengo la desavenencia de ponerme a escribir. Lo sé, es muy tarde y debería estar metido en la cama. Durmiendo. Diablos, no. Leyendo. Eso sí. No sé que me ocurre últimamente, pero ahora soy capaz de dormir seis horas nada más, y estar relativamente bien. Y es lo que hago. No me entran más. Esta última frase podría tener un contexto muy diferente, si. Gargantas profundas aparte, lo cierto es que más horas no logro conciliar el sueño. Lo más preocupante de esta situación es que no tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir a continuación, por lo que es posible que un zombie manco, de esos de las peliculas del genial George A. Romero, que salen con medio cerebro y medio desarrapados de los cementerios tuviesen más creatividad que yo(nota mental: por lo que pueda pasar, a mí me enterrarán, si o sí, de Armani. Si lo se, lo de las cenizas es muy bucólico, pero yo creo en la ciencia y en los desastres radiactivos, y no quiero resucitar de cualquier manera). Me está pasando por la imaginación hablar de Mickey Mouse. Se lo que estáis pensando, malditos sádicos de mierda, pero tenéis razón: la comida del burguer king tiene excesivas grasas saturadas, no las consumáis despues de media noche o os pasará algo irremediable... es mejor recalentar las sobras al micro- hondas ( Micrro... Hondasss!!!!). Ya os lo advertí, y os lo advertí precisamente porque yo lo había hecho. Y una hora después de consumir la sobresaturación de grasa animal, acabo de hacerme una papilla de Guizmo. Que por cierto, huele a pies y sabe a chorizo. Normal, es chino. Seguro que un Gi- Joe sabe igual. O un He- Man, pero más picante. El caso es que me imagino una gran noticia en un programa de estos apestosos del corazón hablando de mickey mouse. de darse en algún país, sería en Chorrilandia, el país donde los Ewoks se depilan y los niños reciben una educación hippie. Bueno, que eso no es ni educación, ni es nada, porque no les regañan nunca y están todo el día en culos.  Este país estaría localizado en algún lugar del mapa entre Granoyers y Alabama. Y la noticia en cuestión relataría el intento de acoso sexual por parte de mickey mouse a una compañera de rodaje de la película: "no es país para viejos", en la que mickey mouse actuaría representándose a sí mismo como asesino psicópata que mataría a todo aquel ser humano mayor de 25 años que no viese "House of Mouse", los domingos después de la resaca. La compañera de rodaje sería la típica estúpida de película que en vez de coger una pistola coge una banana para defenderse, se cae doce veces en diez metros, se equivoca de llaves del coche y sin embargo se salva. Si, Scary Movie hizo estragos en mi inocente juventud. Y en la tuya también, querido lector, pues si no no sabrías de que cojones estoy hablando. Y lo sabes. Así que procura ver House... of Mouse, este domingo. La actriz en cuestión estaría encarnada por el ídolo adolescente en España en este momento. La mujer que todo hombre se querría llevar a la cama para hacer cualquier cosa menos dormir. Yo soy muy antiguo y supongo que las tetas de pamela anderson marcaron un antes y un después en mi forma de ver el mundo erótico festivo que se "abría" ante mí , y éste tipo de tías  pues sinceramente no me gustan, pero soy tolerante. Estamos hablando, como no podía ser de otra manera, de Pilar Bardem. Hay que ser muy, muy, muy pervertido para acosar sexualmente a Pilar Bardem, o intentarlo. Pero estamos hablando de mickey mouse, con minúscula. Un ratón desalmado, una rata. Al parecer Pilar Bardem se habría defendido usando precisamente un raticida que previamente había adquirido en la droguería regentada por chinos de la esquina de su mansión... digooo... humilde casa de actriz no subvencionada por los impuestos de millones de ilusos que creen  que el calvo de la lotería algún día volverá a hacer los anuncios de la once...
Asi que roció con aquel spray al roedor violador, que, confuso, se retorció en cómica agonía mientras goofy y donald se retorcían las manos de impaciencia a la espera de un papel protagonista que nunca tuvieron en la compañía. Sin embargo mickey sobrevivió. Fué precisamente en un restaurante en Paquévaleéso, capita chorrilandesa, donde a la salida del hospital, semanas después, daría explicaciones sobre su actuación: " Tengo un rabo que me lo piso desde hace más de 50 años. Lo raro es que no haya pasado nada más, teniendo en cuenta que estoy rodeado todo el día de niños que me piden besos y abrazos. Sólo quiero vivir como la rata que soy!!". Gran gesto de ecuánime sinceridad, la del roedor. Se podría ver por supuesto, un condimento verde en el plato de mickey, un verde espeso, humeante, que delataba una preparación del plato de la casa: un Guizmo con Commando Cobra. Y de postre, Teletubbies. 

Muere un gran hombre. A su manera, le echaremos de menos

No era un hombre simpático. Ni siquiera tenía carisma. Era más bien tosco, difícil en las formas, en el tratamiento. Sus tierras eran su mayor preocupación desde que, a los diecisiete años, tuvo que ocuparse forzosamente de ellas. Su padre había muerto, y no tuvo otro remedio que subirse a su caballo y proteger sus posesiones. Trabajó largos años en el campo, con un azadón atado a la espalda y un revólver en el cinto, para sacar sus tierras y a su familia adelante. En una Argentina difícil, el campo se hacía más difícil, casi salvaje, y la supervivencia consistía en seguir vivo un día tras otro, y en que no te robasen demasiadas cabezas de ganado, para poder comer durante ese año. Pero mi tío José Mari hizo mucho más que eso. Era un personaje de los que ya no quedan, un modelo de trabajo y capacidad de sufrimiento que la sociedad actual ha relegado a los ilusos que quieren prosperar. Porque mi tío José Mari, nacido en Bilbao, prosperó. No tuvo vida social, ni amantes, ni tiempo para pensar en ello. Quizá la necesidad lo llevó a superarse, pero lo hizo de una manera extraordinaria. Después de veinte años de duro trabajo, que se dice pronto pero, supongo, debieron ser una pesadilla de horas y horas de trabajo bajo el sol, de largos paseos a caballo bajo la penumbra de una luna que bañaba de plata unas tierras hostiles a la mano del hombre, vigilando el ganado, José Mari tuvo dinero para empezar a comprar las tierras cercanas a las suyas. Me consta que algunas de esas tierras eran yermas. Me consta que, hoy en día, en ellas se alza la mayor plantación de soja de toda Argentina. Aquel “gallego” que había ido a Argentina a buscar fortuna, finalmente empezaba a alcanzar su sueño. En los veinte años siguientes José Mari acabó comprando la mayor parte de las tierras de cultivo y labranza de Santa Fé, y se había convertido por sí sólo en uno de los principales exportadores de ganado de toda la Argentina. Alguna vez habéis comido en La Vaca Argentina? su carne era de las reses de José Mari. Su éxito personal no dejaba de empañar su escasa capacidad para socializarse. Alguna vez estuvo casado, con una señora de clase alta de Bilbao, pues su apellido, Chalbaud, en aquel entones todavía era conocido en la alta sociedad bilbaína; todavía hoy lo hace, en parte gracias a su propio esfuerzo, pues no hay nada que te reporte más fama social que la envidia.  Lógicamente el matrimonio de conveniencia estaba abocado al desastre, y así fue. La primera vez que le vi, a este primo de mi madre me lo presentaron como “el tío de argentina”. Le tendí la mano, mirándole a los ojos para recordar su rostro. Recuerdo una mueca de ironía: acaso fue la primera vez que le estrechaba la mano a un niño. Pero aquel hombre reclamaba un apretón de manos, no dos besos, como es costumbre cuando eres tan pequeño como yo lo era entonces. Ironías de la vida, hace ya tiempo que tengo la edad social suficiente como para saludar como un hombre, con un apretón de manos, y sin embargo hace años que saludo al “tio de argentina” con un abrazo. Eso si, un abrazo distante, como sin querer comprometer demasiado afecto. La última vez que nos saludamos, no obstante, una palmadita en la espalda- que no me dolió, pero casi-, me indicó algo de humanidad por su parte. Era un hombre extraordinariamente fuerte, y cuando digo extraordinariamente fuerte, lo digo porque lo era: pues una mudanza me hizo comprobar de primera mano que era capaz de sostener, con una mano y sin dificultades, un baúl que entre mi padre, mi hermano y yo, sólo éramos capaces de arrastrar malamente. Parecía salido de un Western, un John Wayne de la vida real enganchado a su caballo en Argentina, con sombrero y todo. Duro como las piedras que le sirvieron de mojones para indicar los límites de sus fincas. En los últimos tiempos, quiso vivir, ya con la vida resuelta y a los sesenta años, todo lo que no había vivido anteriormente. Y tuvo una hija, que esperaba bautizar, en Asturias, este mes de julio. Siempre repartía parte del ganado entre sus trabajadores, tanto en tiempos de bonanza como con crisis.  Confiaba en ellos tanto como ellos confiaban en el, que es mucho. No es de extrañar por tanto que fuese precisamente uno de sus trabajadores, un veterinario, el que le alertase sobre unos dolores que sufría en el estómago desde hace varios días. José Mari se desentendió del asunto. Había huelga en Argentina, la gente andaba revuelta, robos, tiros aislados y ganado revuelto, muerto a tiros por los propios vaqueros que cuidaban de él, presas de la rabia y de la impotencia. Una vez más tenía que subirse a su caballo, picar espuelas y recorrer sus propiedades, intentando calmar a los agricultores y vaqueros que trabajaban para él, que protestaban contra la nueva medida del gobierno. A nadie le perjudicaba más aquella medida propia de otras latitudes y otras épocas-es decir, años cincuenta y en Rusia-, que a mi tío. Pero en esos momentos sólo quedaba apretar los dientes, subirse a su caballo y calmar a los hombres y a las bestias. Imagino que fue así como un agudo dolor lo obligó a desmontar por última vez, hincar la rodilla en el suelo, mientras sus trabajadores, los amigos más fieles que en su vida ha tenido, le llevaban como podían al hospital más cercano. Le diagnosticaron un paro digestivo, y le dieron dos horas de vida. Le extirparon el intestino y el hígado. Sobrevivió dieciocho horas. No sufrió, a pesar de todo, pues las paso sedado. Es así como se van los grandes hombres, los de la sonrisa desaparecida en un rictus que recordaba el trabajo que cuesta llegar al éxito, los que no saben lo que es trabajar, sino que reinventaron el término trabajar. Se va un buen hombre, sin grandes frases y sin molestar.  Que Dios le tenga en su gloria, y que nos espere muchos años.

La mañana de ayer

Mi móvil suena de repente con una exhalación de sonidos desacertados

Dejo de soñar justo cuando empezaba la parte más cursi de mi sueño:

Una sonrisa dulce que me transmite cariño, alegría y pasión, una mirada…

Pero la mañana se rompe con un bostezo cuando pongo los pies en el suelo

Después de tanto dormir las ojeras se desdibujan con un recuerdo,

Sus labios esbozando aquella sonrisa que recuerdo desde el mes de enero.

Que febrero y marzo no se ofendan,  pues también les tocó a ellos sonreír

Y mientras busco las zapatillas con los dedos, confío su sonrisa a este abril

Homenaje póstumo a Einstein es mi pelo desbaratado, bajo a cazar café

Y lo atrapo en una taza, caliente lo bebo de golpe, me tengo que mover

Son quince minutos para vestirme y llegar a clase, qué se le va a hacer!

Me visto a toda prisa, me lavo los dientes… y en el espejo sonrío sin querer

Homenaje a un gran escritor

 Fué uno de los autores del "Cara al Sol", himno falangista. Tambien era conde-. "¿cómo no voy a ser de derechas, si soy conde, rico, gordo y diplomático? ¿qué quieren ustedes que sea?'"-,  Motivos suficientes para acabar en el baúl de los recuerdos, pues así es la política. Se llamaba Agustín de Foxá. era diplomático y fascista. Motivos suficientes- supongo que el de fascista más-, para que se le haya relegado al olvido. En la Memoria Histórica de Zapatero no cuentan los fachas, aunque, como es el caso, sean escritores de un talento extraordinario. Si bien es verdad que Foxá escribió "Madrid de Corte a Checa", donde habla del grado de envilecimiento en algunos sectores del bando republicano, Foxá fué, sobre todo, un poeta sin parangón. Hace relativamente poco cayó en mis manos una pequeña recopilación de su poesía, sencillamente, impresionante. Dos muestras pequeñísimas de su talento: un epitafio a un marqués de la época: "epitafio en honor de un conocido marqués ya fallecido, algo pedorro y miramelindo: Dejó este mundo de abrojos/al fin el señor marqués./ El marqués cerró los ojos./ Los tres”.
 
y esta conmovedora poesía:
 
Melancolía del desaparecer:

Y pensar que después que yo me muera
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas.

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar, yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja

El Sí electoral

Si puedes mantener el sentido común cuando a tu alrededor
todos han perdido el suyo y te llaman fascista;
si puedes confiar en ti mismo cuando todos los medios de comunicación dudan de ti,
y no dejas de pensar por ti mismo, pero al tiempo tienes en cuenta sus dudas;
si puedes esperar un cambio, aguantando los insultos, sin que la espera te haga cansarte,
o, si te mienten desde el gobierno, no pagas con mentiras,
o, si eres odiado por los nacionalistas, no das paso a tu propio odio,
y, aún así, no pareces demasiado bueno ni hablas con demasiada sabiduría;

Si puedes soñar en un gran pacto de estado y no dejar que ése sueño te domine,
si puedes pensar  y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si te has encontrado con el Triunfo y el Desastre
y tratas a esos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar cómo la verdad que tú has enunciado
es distorsionada por bribones sectarios a sueldo para engañar a los españoles,
o ver cómo las cosas a las que has entregado tu vida se han roto,
y agacharte, y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un programa decente con todas tus ideas
y arriesgarlas todas ellas en unas elecciones,
y perder, y comenzar de nuevo desde el principio
y no dejar nunca escapar una palabra sobre tu pérdida;
si puedes forzar a tu corazón y nervios y tendones
para derrotar a ETA mucho después de que se  te hayan gastado,
y aguantar así cuando no te quede nada
excepto la Voluntad, que les dice “¡Aguantad!”

Si puedes hablar con los sindicatos y mantener tu virtud,
o caminar entre líderes mundiales sin perder el sentido común,
si no te pueden herir ni los amigos ni los enemigos,
si el hombre como individuo cuenta para ti, pero la colectividad no demasiado;
si puedes llenar un minuto inolvidable
con los sesenta segundos que lo recorren,
tu responsabilidad es la patria y todo lo que en ella habita,
y, lo que es más, ¡votarás al PP, hijo mío!

El viejo profesor socialista Alfonso Lazo invita a votar contra la reelección de Zapatero

Alfonso Lazo Díaz, nacido en Sevilla precisamente en 1936, profesor universitario que dio clases de historia a Alfonso Guerra, a Juan Carlos Rodríguez Ibarra y a muchos otros en la época del 68, es un socialista que perteneció al PSP de Tierno Galván. Fue diputado del PSOE en el Congreso (1977-1996), portavoz socialista en materia universitaria y presidente de la comisión del Defensor del Pueblo. Actualmente no ejerce labor política ni docente. Pero sí ha querido denunciar que Zapatero es el peor presidente de la democracia española desde 1977.

 

En un artículo publicado en El Mundo de Andalucía, el viejo profesor socialista comienza diciendo que "José Luis Rodríguez Zapatero es el peor gobernante habido en España desde que murió Franco; el único capaz de colocar como objetivo de su política la ruptura entre los españoles. No se trata de una afirmación ociosa".

 

"El susurro de ZP", prosigue, "reconociendo junto a un periodista áulico que necesita aumentar las tensiones del país, y llegar si es preciso al drama, viene a ser el acta notarial que reconoce lo que todos ya sabíamos de manera un poco intuitiva: para mantener el poder, el señor Z. necesita mantener el voto de los radicales, los progres, las mentalidades adolescentes, los iluminados, los castristas, los okupas, los jipis viejos anclados en 1968, gente toda ella abstencionista confesa salvo caso de odios desatados y grave rompimiento social.

 

Para Lazo, la confesión de la "tensión" explica, además,  su confrontación con la Iglesia y con las víctimas del terrorismo. "Y explicado queda el guerracivilismo y el cuidadoso diseño de la Media Memoria Histórica. Los españoles vivían reconciliados hasta que desde el poder se reabrieron las viejas heridas de la contienda; una acción maligna destinada a destruir los esfuerzos pacificadores de Adolfo Suárez y Felipe González. Gran descomponedor, ZP incluso llega a poner en peligro el concepto mismo de Justicia en un Estado de Derecho cuando detiene, o pone en libertad, según intereses electorales, a los asesinos de ETA. Personaje tal no merece un solo voto. Que pierda las elecciones pasa a ser asunto de salud pública", añade.

 

Para Lazo, el resultado electoral puede ser dramático porque tal y como están las cosas el chantaje nacionalista será aun mayor. "No es posible aventurar en estos momentos quién ganará el 9 de marzo; pero es seguro que si gana el PSOE ganará por menos escaños de los que ahora disfruta. Una situación, en efecto, dramática, según la terminología acuñada por el presidente; porque el Gobierno va a quedar todavía más indefenso ante los chantajes nacionalistas de catalanes y vascos.

 

"Acaba de recordarlo el portavoz de Esquerra Republicana", continúa evocando las palabras de los nacionalistas: "Si Zapatero vuelve a la Moncloa, cobraremos por adelantado nuestro apoyo". "Un cobro", afirma, "en plena crisis económica que ZP aviva con sus promesas electorales de tirar la casa por la ventana". Por eso, considera que estas elecciones son las más importantes celebradas en España desde el comienzo de la democracia.

 

Para el profesor socialista, todos los políticos anteriores, desde Suárez a Carrillo pasando por Guerra o Aznar, eran personas maduras y tenían sentido del estado, pero "Zapatero, no: astuto, sin auctoritas, temido dentro del PSOE aunque no respetado, ignorante de la Historia de España, es rehén de los nacionalismos hasta el punto de modificar bajo cuerda la Constitución a golpes de concesiones."

 

Alfonso Lazo se pregunta cómo podemos recomponer una situación así. Se responde que incluso un voto favorable hacia el PP sería comprensible para buenos militantes socialistas horrorizados "con la deriva reaccionaria del PSOE en busca de apoyos entre el tribalismo prehistórico, lo agradecerían silenciosos. No obstante, a los viejos y convencidos socialdemócratas puede resultarles duro escoger de pronto la papeleta con las siglas del PP. Para ellos se abre el voto del ideal. "

 

Termina su artículo considerando que cabe la posiblidad de votar "al partido contra el que la prensa áulica ha decretado silencio porque muerde los sufragios del PSOE. El partido de Rosa Díaz, de Femando Savater, de Álvaro Pombo, de Antonio Muñoz Molina, del historiador Elorza, del escultor Ibarrola... Ningún otro puede ofrecer un friso semejante de intelectuales prestigiosos; nada más alejado de los mediocres artistas de subvenciones millonarias que cantan las cejas de ZP." Finalmente, dice, puede votarse en blanco. "En todo caso, al final, cualquier decisión es buena si termina restando papeletas de las urnas al peor de los candidatos".

En una universidad alemana, a principios del s.XX

Durante una conferencia con varios universitarios, un profesor de la Universidad de Berlín propuso un desafío a sus alumnos con la siguiente pregunta:

“¿Dios creó todo lo que existe?"

Un alumno respondió, valientemente:

 Si, Él creó …

¿Dios realmente creó todo lo que existe?

 Preguntó nuevamente el maestro.

Si señor, respondió el joven.

El profesor respondió: “Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces Dios hizo el mal, ya que el mal existe! Y si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡entonces Dios es malo!!"

El joven se calló frente a la respuesta del maestro, que feliz, se regocijaba de haber probado, una vez más, que la fe era un mito

Otro estudiante levantó la mano y dijo:

¿Puedo hacerle una pregunta, profesor?

Lógico, fue la respuesta del profesor.

El joven se paró y preguntó:

Profesor, ¿el frío existe?

¿Pero que pregunta es esa?… Lógico que existe, ¿o acaso nunca sentiste frío?

El muchacho respondió: "En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo o objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía”.

“El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de que manera nos sentimos cuando no tenemos calor."

Y, ¿existe la oscuridad?  Continuó el estudiante.

El profesor respondió:

Existe.

El estudiante respondió:

La oscuridad tampoco existe.

La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz.

“La luz la podemos estudiar,

¡la oscuridad, no!

A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas.

¡La oscuridad, no!

… “¿Como se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado?

Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio.”

“La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz.”

Finalmente, el joven preguntó al profesor:

Señor, ¿EL MAL EXISTE?

El profesor respondió: Como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo. Esas cosas son del mal.

El estudiante respondió:

“El mal no existe, Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien…

De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios.”

Dios no creó el mal.

… El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos.

Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz.

El joven fue aplaudido de pié, y el maestro, moviendo la cabeza,

 permaneció en silencio …

El director de la Universidad,

se dirigió al joven estudiante y le preguntó:

 ¿Cuál es tu nombre?

Me llamo, ALBERT  EINSTEIN

A QUIEN LE GUSTE LAS PELICULAS DE ALMODOVAR, QUE SE ABSTENGAN DE LEER

 
 Impresionante artículo de Alfonso Ussía en La Razón, no tiene
 desperdicio. Le va a caer una
querella como la copa de un pino, pero se la pela. Grande Ussía.
 
Artículo de Alfonso Ussía; Querido Pedro Almodóvar:Burro, que eres un
 pedazo de BURRO, porque sólo los burros como tú dicen burradas. Los
> > españoles te agradeceríamos profundamente que cuando salgas al
> > extranjero te limites a hablar de cine y no a continuar poniendo a tu
> > país como un país tercermundista. Tus declaraciones comentando que el
> > 'PP' intentó dar un golpe de estado. El domingo día de elecciones y
> > que acudió al Rey para que declarase el estado de excepción, no hacen
> > mas que dañar la imagen de un país consolidado democráticamente, y
> > haces un flaco favor a la memoria de todas las víctimas que nos han
> > dejado y que en el fondo su único delito fue el de ser personas
> > libres en un país libre y que con tus declaraciones ensucias. Me
> > imagino, y a modo de intentar exculparte, que dichas declaraciones
> > las realizasteis bajo la resaca de una de esas famosas noches donde te
> > pones de cocaína hasta las orejas, rodeado de hermosos y varoniles
> > efebos que probablemente llenaron tus intestinos con su semen y este
> > llegó hasta tus orejas y te las tapono a la vez que rebosaba por tu
> > boca..... Y esto tu ya sabes que no es un rumor.Y comentando más
> > rumores. Es verdad que en tu pueblo Calzada de Calatrava en Ciudad
> > Real, te la tienen jurada debido a que en tu avanzada juventud tuviste
> > algún desliz con algunos menores del pueblo... Me parece tan extraño
> > que un personaje tan internacional como tu, no tenga en su pueblo
> > ningún tipo de referencia, ni homenaje (véase una calle o una plaza o
> > algo por el estilo...) y que la gente de dicha localidad reniegue de
> > tu vinculación con dicho pueblo....
> > Por que nunca comentas nada de tu pueblo... Y te declaras
> > genéricamente Manchego... Una vez más insisto, y seguramente en
> > nombre de la mayoría, si no es para hablar de cine cierra la boca.
> > (bueno... también puedes abrirla para chupar rabos... ahí no me meto
> > ya, que yo respeto la sexualidad de cada uno, somos libres.) Limítate
> > a recoger las subvenciones que sin duda a partir de ahora te darán
> > para seguir rodando en mi particular opinión esa bazofia que tú llamas
> > cine ('fulana' mea en la cara a 'mengana' y 'mengana' digiere los
> > excrementos de la 'Pepa' ) y que como te expreso a mí me parece una
> > mierda. Yo solo sé que películas como Torrente, Mortadelo y Filemon
> > han superado en recaudación a cualquiera de las tuyas y eso
 objetivamente quiere decir algo. Bueno Pedrito majo un saludo...
 O Entenderías mejor un rebuzno...
IiiiiiiiiiiiiiAAAAAAAAHHHHG!!!!!!!!!

Articulo sobre la mierda de educacion publica que tenemos en España

Nunca me he sentido tan identificado con lo que ha dicho o escrito alguien sobre la educación. Todos los demás derivaban al pelotismo absurdo a la izquierda o a la derecha: por fin alguien ha puesto las cosas sobre la mesa. Evidentemente este gobierno es un desastre ( quizá desde el día 10 de marzo, "era"), pero los anteriores no se quedan cortos. Gran artículo de necesaria lectura, voto a tal. Y si alguien no está de acuerdo, no queda sino batirse.
 
PATENTE DE CORSO
> > Permitidme tutearos, imbéciles
> >
> >
> >
> > ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 23 de Diciembre de 2007
> >
> > Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas
> > analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente
> > de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición.
> > Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos.
> > Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación
> > y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin
> > mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de
> > todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública
> > en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este
> > autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De
> > vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el
> > griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente,
> > la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.
> > De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España
> > figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de
> > comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los
> > públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media
> > en todas las materias evaluadas.
> >
> > Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante
> > impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.
> > Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes,
> > al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas
> > del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall
> > y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg
> > cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años
> > de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando
> > literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza
> > pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo
> > electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete
> > sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores
> > en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la
> > Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de
> > Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de
> > gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo,
> > tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una
> > ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los
> > datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de
> > maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que
> > lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a
> > los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen
> > su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
> >
> > Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la
> > próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-.
> > Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada
> > generación es la educación de sus padres» , aunque tampoco estuvo mal lo de
> > «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento
> > educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que
> > después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel
> > Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente
> > buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo,
> > vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente
> > formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la
> > ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de
> > autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta
> > de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de
> > cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande
> > chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía,
> > no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo
> > rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal,
> > Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió
> > bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel
> > Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo,
> > Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que
> > generacionalmente me incluyo.
> >
> > Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un
> > imbécil que un malvado.
    
 
PD: HA ALGUIEN MÁS LE PRODUCE "RESPETO" VER UN PUÑO COMUNISTA EN EL EMBLEMA DEL FINAL DEL PRIMER VIDEO?

La cocina del siglo XXI

En un descansillo de la infatigable tarea del estudio, no he tenido otra ocurrencia que ponerme a ver la tele. A estas horas, después de una intensa jornada-y lo que me queda…-, de estrujamiento cerebral, no se me ha ocurrido otra cosa que sintonizar el canal cocina.  Estaban hablando de la cocina moderna. Y no la entiendo. Espero que expertos y seguidores variopintos y adeptos a esta cocina del siglo XXI me perdonen, pero no lo pillo. Es algo parecido a lo que me pasa con el jazz. Me aburre profundamente. Y lo siento, ya que conozco personas inteligentes, cultas y sensibles que se entusiasman con el jazz. En literatura, por ejemplo, he leído el Ulises de Joyce, y El lobo estepario, de Hess. Y ambas me han parecido un coñazo. A Dios gracias el Ulises de Joyce lo dejé más o menos allá por la página 80, después de coger una bocanada de aire, tras un prolongado bostezo ante tal engendro literario. Decían en el reportaje que, en un restaurante de Valencia, hay una sumiller que está especializada en aguas. Que hay clientes que cambian de agua cuatro o cinco veces. Hace muy bien ese restaurante en tener un sumiller acuífero,  y cobrar a los clientes lo que se le antoje por probar cinco diferentes. La culpa en todo caso no es del restaurante, sino de los tontos de los clientes, que se dejan un riñón en pos de la estética y la estática de sentirse puristas en aguas. Enlaza el reportaje con la celebración, hace un par de años, en nuestra todavía capital de España, de “Madrid Fusión”, la cumbre mundial de la gastronomía, aunque mejor quedaría calificarla como cumbre mundial del esnobismo culinario. Que sí todo será muy divertido, muy científico y muy interesante, pero no tiene nada que ver con la tortilla de patatas  o los huevos fritos, que es lo mío. “la búsqueda técnico- conceptual es el vértice de la pirámide creativa”, dice la voz de Ferrán Adriá a través del televisor. Servidor no alberga dudas de su talento. Es uno de los mejores, quizá el mejor cocinero del mundo. Pero para mí, esos platos técnicos y científicos, elaborados con aire y nitrógeno, buñuelos de nada y almejas escabechadas sin escabeche, pueden alcanzar la categoría de obra de arte por su elaboración y presentación. Pero me da que así no se va a poder nutrir la humanidad del siglo XXI, salvo por supuesto que la humanidad del siglo XXI la componga un grupo de mil privilegiados capaces de pagar trescientos euros por unas croquetas de nitrógeno líquido, y cuatrocientos por un aperitivo sentimental y filosófico compuesto por un grano de arroz japonés, recubierto de laca china y ofrecido sobre un bosque de lechugas sintéticas que no saben a lechugas sino a muslitos de pollo de patos mandarines. No hace falta ser Rappel para vislumbrar el futuro que les espera a estos grandes cocineros- dicho sea sin ironía; son realmente buenos-: van a terminar como los modistas que triunfan en las pasarelas y no venden posteriormente ni un solo diseño de los paseados, entre otras razones, porque no hay mujer que se los ponga. Como experimento, magnífico. Como solución, nada de nada. Aún así no quiero parecer tosco ni cerrado a los inventos gastronómicos de los elegidos. Sucede que quiero seguir comiendo lo de siempre, lo que me gusta. No he tenido oportunidad de saborear la ensalada de nitrógenos ni el aire de zanahoria. Pero a medida que se acerca el final de mi descanso, y la vuelta al enclaustramiento del estudio, el agujero del estómago crece, y creo que voy a ir a la tasca más cercana y pedir una ensaladilla rusa, un pincho de tortilla o unas croquetas de jamón. El nitrógeno, para otro día. 

escrito hace 20 días

Temblando, quedó suspendida en el aire

La eterna promesa de un beso lascivo

santificado por el acompasado ritmo

De un corazón entregado a la causa del sexo

Sin engaños, sin tapujos, sin palabras, sin luz

Una expresión perfecta del amor hecho carne

Esperando ser recibido en la boca amada

Murió finalmente la lascivia en el preciso instante

En el que se violentaron las reglas, y se creó el vínculo

Sin coacciones, la más pura y humana expresión del arte

Opinión sobre el amor, escrita en menos de quince minutos…

Safo era una sacerdotisa lesbiana que escribió los más maravillosos poemas de amor que se recuerden, que inspiraron a personajes tan célebres y dispares en su forma de ver el amor como  Shakespeare o Quevedo. Es una lástima que se haya perdido gran parte de su producción artística, claro que por aquel entonces no existía la SGAE, ni creo que Safo formase parte de ella, sinceramente: en ese hipotético caso perderíamos directamente toda su obra, seguro… el caso es que me dispongo a escribir algo medianamente profundo-ya que muy profundo, como ocurre en otras facetas físicas y psíquicas del ser humano, puede llegar a hacer daño-, del amor. Mucha gente dice, cuenta cree, que el amor, el hecho de querer a alguien, empieza por quererse a uno mismo. Bien, esto no deja de ser verdad, pero es una verdad tan esencial como rudimentaria; todos sabemos que el hombre desciende del mono. Y no vamos por ahí manifestándolo como una verdad profunda y definitiva… lo sabemos, y punto. A no ser que seas antropólogo o arqueólogo, claro. En ese caso, profundizas,  obviamente. Pues efectivamente, todo el mundo que ama, ha amado o va a amar, a alguien, ha empezado por amarse /quererse a sí mismo. El por qué, según mi particular punto de vista, es lo siguiente: seguridad. Hay que tener seguridad en uno mismo para transmitir seguridad. Cuando hay amor propio, hay seguridad. Olvidémonos de paroxismos romanticones y centrémonos en la misma teleología del amor: qué buscamos en una relación, en un amor maduro, consolidado, estable? La palabra seguridad reluce por todos lados: seguridad en los sentimientos del otro, seguridad en la posición del otro, seguridad en un futuro más o menos estructurado. Y esa seguridad se complemente y se sostiene con la de la otra parte: a su vez tenemos que ser conscientes del mundo que nos rodea, de los obstáculos que nos vamos a encontrar como elementos singulares y como pareja, de los objetivos que tenemos como personas, de nuestra propia posición en el mundo. Tienes que tener seguridad de lo que quieres, de lo que haces, de lo que piensas, y transmitirla al ser amado. Somos animales, no lo olvidemos, y una vez se acaban las sensaciones espúreas y tan necesarias de la copulación, sólo queremos sentirnos seguros con la otra persona, y la seguridad se manifiesta en la satisfacción de objetivos e interés, tanto comunes, de la pareja, como de cada una de las partes que la componen. Hay que dar seguridad y recibir seguridad. Si no, todo se concentra y se pierde en momentos espontáneos, llamativos y, por qué no decirlo, sensacionales, de pasión vertida en toda clase de emociones. Pero cuando todo esto acaba, cuando dejamos de producir serotonina, no hay nada. La suerte es que, si hay seguridad en uno mismo, esa seguridad se transmite a la pareja, y pueda hacerla afrontar objetivos, y conseguir objetivos, fortalecerla para cuando sea necesaria esa fuerza, ese apoyo, para la consecución de los objetivos de la pareja y de la otra parte. Pero la seguridad en una estabilidad futura, al unísono entre dos personas, es lo que constituye el amor como algo más que un conjunto de reacciones químicas, y lo constituye como un todo coherente y razonable, una forma perfecta de hacer inolvidable cada minuto, con los sesenta segundos que lo recorren.

con subrayador y a lo loco

Trazo versos en verde sobre el cuaderno
se me olvidó el bolígrafo, el tiempo es eterno
mientras el profesor hace gárgaras para iniciar la clase
y pasa lento, como con miedo a ser decapitado
pienso en lo que estudiaré por la tarde;
"quijotera organizándose para la fase de estudios"
y pienso y siento, en un recuerdo instantáneo
la textura de su piel en mis labios
y recuerdo sus ojos verdes, y los describo en fosforito
como la tinta verde que se corre, perversión permitida,
con el torpe movimiento de mi mano izquierda, sobre el papel,
que aspira a tener memoria  a cuadros, a anhelar vicios ocultos,
a contar sentimientos que no le están permitidos,
y yo, cansado de subrayar todas las tardes como un enajenado
pienso que cuando vuelva a tocar su piel,
mis dedos estarán manchados con la textura pringosa, fosforita y verde
de mi subrayador, intrumento oligofrénico, 
que sirve también para escribir al ser amado.
 
 

Talking about El sueño de una mañana de Noviembre

 

Quote

El sueño de una noche de Noviembre

Las calles que aparentemente cruzaba descalza en aquel lugar parecido a un sueño, o al menos perdido en algún lugar del subconsciente, eran tan familiares para mí como si pasase por ellas una y otra vez. El suelo estaba surcado por mármoles rojos intercalados con blancos, lo que posiblemente en un tiempo no demasiado lejano hubiese dado cierta impresión de sanidad, incluso puede que de buen gusto. Pero ahora mismo la piedra, que pisaban unos pies descalzos, estaba desgastada, formando un mosaico de inapelables grietas. La suciedad cubría prácticamente cada centímetro de aquel entramado de piedra, por el que caminaba el ciudadano de a pié, posiblemente más preocupado por sus propias preocupaciones, cotidianas, vulgares, monótonas, que por el insustancial hecho de que la losa bajo sus pies se hallase en un estado bastante deplorable.  Ninguna mirada quedó perturbada por tanto ante el bastante inusual hecho de que aquella chica caminase descalza por la acera sucia. Caminaba con paso firme y decidido, pero si la pudiésemos ver de frente, mientras se ensuciaba los talones en la piedra desnuda, podríamos comprobar que no sabía muy bien dónde iba. Ni el miedo ni la indecisión nublaban su rostro; sus ojos afrontaban cada paso que daba mirando hacia adelante, simplemente. Sin precauciones, sin sensaciones. Como si fuese un autómata.  Ni siquiera el frío inherente al mármol que cubría el suelo por donde casi se deslizaba, más que andaba, desencadenaba ningún tipo de sentimientos a aquella chica de ojos verdes.  Quizá por eso no llamaba mucho la atención, pues caminaba como el resto de transeúntes: con decidida indecisión.

Claro que teniendo en cuenta que un extraño hombre la seguía a distancia, quizá el objeto de su marcha no fuese tan indeciso. La distancia que había entre el extraño y la chica de ojos verdes era lo suficientemente amplia como para no saber con total certeza que a uno le están siguiendo. Pero no lo suficiente para no poder intuirlo. Y aquellos ojos decididos y verdes intuían los pasos protegidos por zapatos negros que aquel hombre llevaba dando desde hace largo tiempo, en la misma dirección que ella. La mirada de este hombre estaba perdida entre las sombras de unas ojeras interminables, insondables,  profundas y misteriosas, que agudizaban aún más la delgadez casi extrema de su rostro. No era un hombre demasiado mayor, pero las entradas le empezaban a despejar las sienes de todo elemento ajeno a su propia carne. Sus ojos no eran negros pero tampoco marrones, eran una oscuridad que parecía anhelar la luz verde de la víctima cuya silueta avistaba a distancia. Tenían un brillo terrorífico, de inteligencia fanática, el brillo que tienen unos ojos cuando han divisado su presa, y tienen muy claro que es lo que hay que hacer. Si aquel hombre fuese un lobo,  cualquiera diría, mirándole con audacia, que sus ojos reflejaban simplemente la carnicería que estaba por venir: colmillos, sangre, carne desgarrada, dolor y muerte. La caza más salvaje.

Quizá ella lo intuyó, o  quizá hay una parte de la historia que no sabemos y que irremediablemente puede ser clave en el desarrollo de los acontecimientos. El caso es que aquella chica andaba descalza sobre mármol agrietado, ajena al mundo que le rodeaba, excepto quizá por aquel hombre que se acercaba decidido hacia ella en la distancia.

Un jersey verde oscuro con capucha sobre los hombros llevaba el particular cazador de esta particular historia, y su pelo, que no hemos dicho que  era gris, se desplazaba en ondulaciones con el viento de la tarde que acariciaba aquella ciudad. Y fue que la noche llegó como apresuradamente, nerviosa, queriendo saber el final de esta historia de persecución tan extraña como la imaginación de un hombre que sueña. Ansioso por anticipar el desenlace a la luz de una luna que iluminaba todo como en una película, el hombre aceleró el paso hacia la no tan desprevenida presa, que seguía su camino hacia ninguna parte. Aún se puede oír, en el recuerdo de un sueño, la excitada respiración de aquel hombre, que desprendía peligro y olía a muerte, a sangre, a dolor. A punto de darla alcance, alargó sus manos grandes y huesudas hacia aquella chica, que se paró en seco y le miró, como contemplando con valentía estoica el destino que le iban a deparar aquellas manos de uñas negras. Aceptaba su destino con la abnegación con la que se extinguen las civilizaciones. Ya se podía sentir el contacto de la piel de una mano helada con el terso y esbelto cuello de la impasible víctima, en el marco de una noche ávida de sangre, o de cualquier otro desenlace para la historia, que se empezó a narrar como la curiosa historia de una mujer caminando de la mano de la tarde por losas agrietadas. El misterio que sobrelleva el final de los días estaba a punto de desencadenarse, cuando surgió de la nada una figura impensable, increíble. Un animal salvaje se acercaba con curiosidad a aquel hombre, surgiendo justo en el momento en que la presión mortal que iba a cortar el flujo sanguíneo de la presa estaba a punto de iniciarse. Aquel animal andaba, como otras bestias de la tierra, a cuatro patas, y a cada paso que daba desataba una sensación de fuerza contenida que no dejó indiferente ni al cazador ni a la presa. Así, cuando aquel León, surgido de la imaginación incontenible de la fase REM del sueño, se acercó al hombre que en esta historia encarna el papel de malvado asesino, éste no pudo evitar denotar en su rostro la maldad de su corazón; y así sus ojos se hicieron impensablemente  grandes en medio de aquel rostro taciturno, de aquella fisonomía de traidor, clavándose en los ojos de la noble criatura, que lo miraba con curiosidad; como aquel ser que contempla a una malvada alimaña apresar a su indefensa víctima y, sabiéndose superior, sabe que solo cabe esperar la huída. Así fue como, con el rostro distorsionado por el dolor que causa al ser humano el miedo y la frustración, aquel hombre se fue tan rápido como un suspiro se pierde en la masa de aire que nos rodea. Los ojos verdes de ambos seres se encontraron en el espacio.  Buscaban una respuesta, sobre lo que podría suceder a continuación. Hasta que , plácidamente cerrados los ojos, aquella chica fue engullida en tres veces, primero hasta la cabeza, luego avanzando hasta las piernas, y finalmente de una pieza, por las fauces de aquel león. No acaba aquí la historia sorprendente de  un sueño de noviembre, sino que la locura del durmiente nos lleva por fin a un final de los más inesperado. Al menos para mí. Porque estaba yo plácidamente en mi casa, haciendo no se qué cosas, de esas cosas cotidianas y monótonas, cuando alguien llama a mi timbre. Y, encontrándome solo en mi casa, como era el caso, otra cosa no podía hacer que levantarme y abrir. La sorpresa tendría que haber sido mayúscula ante lo que me aguardaba,  y sin embargo la naturalidad fue la tónica predominante en aquellos minutos. Pues no todos los días llama un león a tu puerta, y sin embargo allí estaba, en la paranoia más divertida de un sueño profundo, cuyo destino es ser recordado. Abrí la puerta y el león de nuevo me miro, con esa mirada de inocente curiosidad suya, verde brillante. Pude darme cuenta de que el brillo era de cierta alegría, como si al fin hubiese encontrado un rostro familiar, amigo.  Vomitó allí mismo, sin ruidos ni escenas desagradables, en tres veces y de una pieza, a aquella chica de ojos verdes, que resultaba ser mi novia. Más tarde y en aquel sueño nos encontrábamos nosotros dos y mi hermano, contemplando un cuadro: era de unos perros sentados en una mesa, jugando a las cartas. Y lo mirábamos con interés, con curiosidad, hasta con admiración. Se puede imaginar cualquiera que me hubiese gustado darle a la historia un final digno, darle un desenlace espectacular, meter efectos especiales. Pero estoy describiendo el sueño tal y como lo recuerdo. Porque sí, toda esta historia no es más que el sueño de una mañana de noviembre.

Poesia triste, poesia cachonda

La triste: entre la bruma de los celos.

Sus ojos son un alma que se refleja desde el fondo de una mirada

Y me dice te quiero con dulzura, con cariño, esperando la réplica

Busca una respuesta en mi cara, incluso en mi reflejo en la ventana

Yo la miro y sólo puedo preguntarla sin hablar, ¿me mientes?

¿Entre qué gentes estará tu corazón, a quién anhela tu alma?

¿Soy la punta de flecha de tu consuelo, que mata la soledad helada?

¿O soy el amor verdadero, la columna maestra que buscaba tu espiritu?

¿Soy el soldado de reemplazo, de otro que deseabas, y que ha huido en la reyerta?

¿O soy un héroe condecorado, que ofrece su pecho a la bala, y que cuidas con esmero?

¿Son mis ojos glaucos, amantes sinceros, con los que tu soñarás ésta noche de invierno?

¿O son las pupilas de otro las que verás cada noche, hasta que el olvido sea su entierro?

Cae la hora de la venganza en mi corazón, que  es como un puño sangriento que palpita

Una mano cerrada que quiere abrirse a tus promesas de amor eterno, aferrarse con fuerza,

Y el terror y la derrota consisten en que se va abriendo, inseguro, entre la bruma de los celos

 La cachonda: Teoria del desfase (logaritmo vibratorio)

No puedo creer en la creencia de todo lo que pienso

Porque existe ciertamente un cierto desfase

Entre lo que veo alrededor y en el sabor de tus besos

Entre lo que siente mi propio corazón y en el color de tu pelo

Hace poco eras rubia, morena y pelirroja, vaya desfase!

Entre lo que me dices, lo que te digo, lo que los dos queremos sentir

Y los hechos acaecidos, sin ti, sin mí, hay un desfase

Entre los celos, el cuerpo, ¿quién está gordo aquí? Denoto desfase.

¿Quien estuvo conmigo? ¿Quien junto a ti? ¿A quién le importa?

¡Nos importa a ti y a mi! No tiene sentido, añade mas desfase.

¿Por qué estamos juntos? Que quieres tú de mi? ¿Y yo de ti?

¿Acaso no lo sabemos? ¡Claro que sí!, al menos yo por mi parte…

Como no puedo escribir por ti, quizá acontezca de nuevo el desfase.

Tus ojos son verdes y los míos, azules, desfase pupilar garantizado.

Pero cuando tu boca se encuentra a la mía en el reducido espacio de -10

¡¡¡Mi corazón si que late fuera de ritmo, completamente desfasado!!!

La Mala Leche y el Estatuto de Cataluña( y naZionalismos en general)

La Humanidad, que concepto tan complicado y a la vez tan difícil. Y es curioso que esté escribiendo esto precisamente en horario de clase, una clase que no ha empezado aún. Esperemos que empiece antes de que acabe lo que a continuación voy a escribir.  Hoy estoy especialmente cabreado, me he levantado, si, con el pie izquierdo, y cuando me levanto con el pie izquierdo no me queda otra alternativa que hablar de política: lo sentimientos, profundos o no, no tienen cabida en un momento en el que lo único que siento es un orondo y marrullero enfado. Cualquiera que tenga interés por el pasado de la Humanidad, habrá comprobado cómo la historia se ha ido contando de formas distintas. Nos ha llegado parcelada por reyes y dinastías –herencia egipcia–, por formas de gobierno –legado de griegos y romanos– y, en el mundo contemporáneo, protagonizada por actores colectivos: las naciones o las clases sociales. Pero tras el desplome de los totalitarismos del XX, comunismo y fascismo, parecía que el individuo tomaba el protagonismo por encima de los colectivos. Pero hete aquí que dos ideologías totalitarias insisten en aprisionar al individuo. Una, aparentemente lejana, es el islamismo, que amenaza con quebrar los pilares de Occidente, sus valores liberales y democráticos. Otra, de campanario, es el nacionalismo obligatorio de estas micronaciones que han ido surgiendo como reacción a la construcción europea, al mundo globalizado y al progreso. Estos tradicionalistas inventan un pasado glorioso que jamás existió, imponen lenguas de uso vecinal, y utilizan los mecanismos de sus microestados para establecer una moral, unas costumbres y un ser nacional. El individuo no existe, entonces, si no es miembro de la tribu. La resistencia se convierte en apostasía, en delito de lesa traición, y la violencia contra el traidor es un servicio a los altos intereses patrios. Por eso volverían a matar a Miguel Ángel Blanco, o a quien se pusiera por delante. Al tiempo, sin duda, verían en el asesinato la manifestación de un conflicto político histórico. El mismo conflicto histórico que no sabe de leyes ni de normas, de dictaduras o democracias, y que es capaz de improvisar una Agencia Tributaria en Cataluña sin esperar la decisión del Tribunal Constitucional.

El pensamiento débil de la intelectualidad de izquierdas dice: ¿pero es que hace daño a alguien el desarrollar ya el Estatuto? Pues sí. La democracia se basa en que la actuación del Estado es previsible; es decir, en la existencia de unos mecanismos reglados y conocidos por los que se proponen, aprueban y ejecutan las leyes, del mismo modo que se ponen a disposición de la ciudadanía instrumentos para velar por el encaje general de la legislación. No hay espacio para la arbitrariedad, ni el más mínimo, y todos los poderes están sometidos a esos mecanismos y a esas leyes. No es poca cosa, por tanto, el que el Parlamento catalán aprobara la creación de una Agencia Tributaria propia. Poco ha importado que el Defensor del Pueblo impugnara el capítulo del Estatuto referido a la financiación, al igual que han hecho el Gobierno de La Rioja y el PP. El que un poder violente los mecanismos y leyes democráticas para cumplir la voluntad de unos políticos sólo anuncia catástrofes para la libertad y la convivencia. En los años venideros, a este paso, nos tocara elegir entre una sociedad española de individuos libres o de naciones aisladas. Vayan sacando el pasaporte. En fin, finalmente mi profesor no ha llegado, y estatutos aparte, es hora de recoger, e irme a casa.

 

Desvarío en hora de financiero.

Diez minutos después de los diez minutos anteriores, habían pasado veinte minutos y todavía seguía aquí, sentado en un banco con los codos apoyados en la tabla que se alzaba sobre mis piernas a modo de mesa. Media hora había pasado ya y yo realmente estaba inquieto ante la posible suerte que haya deparado el destino a mi pobre profesor, porque, ¿posible será que llegue media hora tarde?. El tiempo no espera a nadie y menos a un profesor de derecho financiero, así que vuela el minutero y ya son menos diez. Tengo otra clase en diez minutos, y mi profesor de financiero no ha venido. ¿Quizá juega hoy el Madrid? Tan ocupado estaba el hombre en encontrarse a sí mismo que se tuvo que comprar un espejo circular para poder verse el ombligo. Pero hombre de dios, ¿cuándo vendrá a clase?, si nos hace un horario nosotros tampoco venimos a las cuatro de la tarde. Pues somos estudiantes, muy cierto y acertado pensamiento, y por ello mismo somos reacios a volver a clase en horarios inquietantes. Entiendo, señor profesor, que no venga a clase para una hora, y luego chuparse dos de atasco hasta su pueblo de Calahorra. Pero avísenos, mándenos un fax. Escríbalo en la pizarra que, aunque parezca que no, seguro que nos íbamos a enterar. Y mientras el reloj corre y cubre toda la circunferencia en clase nos preguntamos que quizá nuestro profesor tenga una conferencia. De todos es sabido que es un vago sibilino nuestro buen profesor. Pues nada, no ha venido. Esperemos que no sea nada de salud y que no esté jodido. Para la próxima avísenos, querido doctor.

A mis palabras

Venís de las ideas, de donde no habéis nacido
pues no sois del tiempo presente ni el ausente
os mata una verdad en el caduco nido:
la que impone la vida del siempre adolescente
dáis forma a los sueños, sentido a las pesadillas
intensos sentimientos con rasgos muy sencillos
Sois mis enemigas, las del mundo que veo girar
más claro cada día
y sin un sólo trazo de mi pluma, sin ese sólo gesto,
dictaré vuestra agonía
 

Cadiz. Parte 1

Bueno, aquí me hallo. En un lugar alejado del pecado. De la civilización. De todo lo estimulante que tiene que ofrecer la vida. Aquí estoy, si. Sentado en un coche, mirando el volante del conductor, pues yo voy a su lado. Supongo que eso me convertiría en el copiloto. El caso es que contemplo el volante que instantes antes conducía una mujer. Y aún tenía el sabor de su piel en mis labios. Sus ojos aún me miraban desde la profundidad de un momento irremisiblemente perdido en “un  instante antes”. Y es que precisamente, “un instante antes” yo clavaba descaradamente mi mirada en ella, mirándola con la necesidad de transmitir un sentimiento, realmente no puedo describir que sea alguno en especial, porque puede que fuese deseo, si. O amor. O cariño. O ternura. Muchas palabras, muchas explicaciones, muchos significados para algo que duró tan sólo unos segundos. Algo que además adquiere por sí mismo su propio significado: las explicaciones no valen. Simplemente, hay que vivirlo.

Estaba en una pequeña ciudad situada en el extremo sur de la península ibérica, bañada por el atlántico. Bueno, por qué no especificar más: estaba en Cádiz. Y una vuelta de diez minutos, quizá quince, en coche, me había bastado para conocer el esqueleto de esa ciudad. Tan pequeña, y tan llena de cosas por hacer en tan poco tiempo.

El caso es que en una de las estrechas calles características de Cádiz se hallaba el coche aparcado, y yo me hallaba, efectivamente, dentro del coche. Pensará el más escéptico, y no sin razón, que aquel panorama no tenía nada que ver con encontrarse alejado de la civilización. Evidentemente Cádiz era un lugar muy civilizado, o tan civilizado como puede serlo cualquier ciudad importante de España. Y quizá no haya nada más civilizado que un coche. Craso error. Un coche no es nada civilizado, porque se conduce. Y cuando cualquier materia se conduce a más de 120 kilómetros por hora, deja de ser civilizado y se convierte en algo salvaje, en consonancia con su época. Ahora, aparcado, manso como un peluche, aguardaba conmigo dentro la vuelta de nuestra conductora. Yo tenía algo de sueño, pues el viaje no había sido largo, ni tedioso. Todo lo contrario; podría decir sin tapujos que me lo había pasado bien. Un coche, una carretera, una preciosa brasileña sentada a mi izquierda. Ni siquiera tenía que conducir: sólo sentarme, ponerme el cinturón, y disfrutar del paisaje que se nos ofrecía a ambos lados de la carretera. Una conversación agradable, buena música. El viaje había transcurrido casi sin transcurrir. No niego que cuando me levanté noté el peso de los años… es decir… de las horas, en mis nobles posaderas, pero la sensación predominante era efectivamente la de confortabilidad. Gran viaje. Pero habíamos salido hacia el sur a eso de las ocho y media de la mañana, y bueno, eran alrededor de las cuatro y media, quizá llegando ya a menos cuarto. Y, como iba diciendo, tenía sueño. Así que mientras esperaba, note el peso y la forma de algo familiar en mi bolsillo. El peso tampoco es que se notase mucho. La forma no obstante si. Metí la mano para extraer con cierta sorpresa mi ipod. Me pareció una idea acertada escuchar música mientras esperaba plácidamente, medio dormido, el desarrollo de los acontecimientos. Y bueno, la primera canción que salió aleatoriamente en el aparatito no me dejó indiferente. Se trataba de la canción “the hell song”, de sun41. Y aunque uno tiene un nivel de inglés similar a aquel del que hacía gala el carismático Jesús Gil, por suerte o por desgracia pude entender lo que el cantante cantaba/gritaba entre estruendo de guitarras y batería:

 

“Everybody's got their problems,
Everybody says the same thing to you.
It's just a matter of how you solve them,
And knowing how to change the things you've been through.

I feel I've come to realize,
How fast life can be compromised.
Step back to see what's going on,
I can't believe this happened to you.
This happened to you.

It's just a problem that we're faced with, am I
Not the only one who hates to stand by.
Complications ended first in this line,
With all these pictures running through my mind.”

 

Así que bueno, volví de mi estado de semi- inconsciencia feliz y recordé, aunque tampoco lo había olvidado, por qué estaba allí. En fin, después de una paella bastante buena, unas gambitas, y una sobremesa bastante amena y agradable con gente que, evidentemente, no podía ser otra cosa que amena y agradable, me encontraba haciendo la digestión en un momento que no era complicado, en absoluto. Pero sí que era algo incómodo. Así que cuando divisé medio dormido a la conductora del coche en el que me hallaba voluntariamente apresado, me incorporé en mi asiento. Detrás iba un chico, alto y delgado, que lucía una gorra de ala amplia. Me habían informado anteriormente de que aquel sujeto tenia ciertas tendencias psicopáticas, así que por un instante dudé en salir a su encuentro, y saludar, por educación más que nada, o no. Al fin y al cabo yo estaba seguro de que nada iba a pasar. Una vez un chico me dijo algo así como “ Hay que tener muy mala sangre para querer pegar a alguien como tú”. Y yo pues vaya, siempre me lo he creído. El caso es que, si al principio no salí por miedo a un espectáculo propio de las federaciones de wrestling independientes de Norteamérica, un gesto de mi acompañante me indicó lo que efectivamente ya sospechaba: aquel chico era capaz de saludar civilizadamente. Así que me desbaraté del cinturón (tanta era mi desidia que lo seguía teniendo puesto), de las cosas que andaban revueltas entre mis pies, miré antes de abrir la puerta y me dirigí al maletero del coche. No a meterme allí dentro, sino a saludar convenientemente al chico de la gorra. Fue un saludo corto, inexpresivo. De los saludos formales de toda la vida. Yo le sonreí. Con el gesto conseguí que me mirase. No sé si sonrió a su vez o torció el gesto. Pero me daba la sensación de que a aquel chaval le faltaba algo. No sería capaz de explicar acertadamente el qué: pero todas las personas tenemos cierto brillo en los ojos, cierto matiz, una mirada de astucia contenida. Aquel chico daba la impresión de haberla perdido, o de no haberla tenido nunca. Vacío. Había algo que le faltaba. Ignoro realmente el qué. El caso es que tras un breve escarceo con las cajitas, volvieron al lugar de donde procedían, con el objetivo de recoger las última cosas que faltaban. Y no pude evitar que el sarcasmo marxiano me envolviera( obviamente el sarcasmo marxiano no es por alusión a Karl Marx, sino a los Hermanos Marx): Ella caminaba ligera, casi podríamos decir al trote si aceptamos la comparación equina. El andaba echando los hombros hacia atrás, gorra calada hasta el entrecejo, sacando pecho. Al estilo Harpo. Voto a tal que a esta escena le pones música de Charles Wakefield Cadman, el encargado de la música de “Los Hermanos Marx en el Oeste”, añades la magia del blanco y negro y tendrías preparado un anuncio de mudanzas exprés para cualquier televisión. El caso es que en el intervalo en el que subían y bajaban a por más cajas yo dudaba entre meterme de nuevo en el coche y luchar contra mi modorra o quedarme apoyado en la puerta, en plan caballeroso. Vamos, al más puro estilo Groucho, para qué nos vamos a engañar. Pero decidí que la pereza me venciese, así que me volví a meter en mi asiento. Y bueno, volvieron, esta vez creo que puedo afirmar sin ningún género de duda que al trote, con más cajas. Y volví a dudar entre salir o quedarme allí para lo que quedaba. Al final salí, y no hice nada salvo contemplar una ligera discusión acerca de la imposibilidad o no de que cupiese una caja grande en el hueco del maletero, que también era grande. Contemplé la escena en perspectiva y no pude evitar pensar de nuevo en el blanco y negro: esta vez veía al genial Chaplin en “Tiempos Modernos”, intentando meter una bala del tamaño de su puño en una caja del tamaño de su cabeza. Y lo más gracioso es que el genial actor nos hacía creer que, efectivamente, la bala no cabía. Pues similar situación se desarrollaba en esos precisos instantes ante mis ojos, sin contar el hecho de que el espacio no era tan exageradamente desproporcionado; es decir, la caja era obvio que entraría sin problemas, pero con más estrecheces que aquella bala en aquella caja. Pues bien, una vez solucionado el inexistente problema de espacio, ya nos íbamos a ir. Qué bien. La cama del hotel nos esperaba en una siesta, qué quizá finalmente no iba a ser tal, teniendo en cuenta que la nomenclatura de pareja joven + cama gigantesca + siesta invita a pensar en otros actos más pecaminosos que el simple movimiento involuntario de respirar. El caso es que ya iba a posar, por última vez, mi culo en el asiento, cuando el chaval de la gorra asevera: “¿entonces, quedamos esta noche a tomar algo, no?”. Yo me paro en ese preciso instante, esperando la respuesta de su interlocutora. Fue un monólogo rápido acerca del cansancio del viaje, de la necesidad de salir temprano al día siguiente, de quedar, como mucho, a tomar un  par de cañas y ya. Vamos, que estaba dando largas al tema. Normalmente, cuando alguien le dice a alguien todos aquellos pensamientos que se habían encarnado en oraciones gramaticales, las reacciones suelen ser de dos tipos: 1)el oyente se da por aludido, y pronuncia el occidentalizado “ya quedaremos otro día”, y 2), el orador reconoce que está cansado, y que ya hablarían, “si eso”. Pues bien, esperando uno de estos desenlaces, servidor rozaba ya con su nalga derecha el asiento de aquel coche, cuando ella preguntó en tono casual, volviendo al protocolo de lo surrealista “bueno, quedamos después del partido a tomar unas cervezas, ¿te parece?  “Claro que me parece. Me parece estupendo. Pero que se quite la gorra, por dios. Aunque sea feo, da igual. Lo superaré. Da la casualidad de que el partido acabará casi a media noche, y estaré cansado, e irascible, y que tendré que mirar a este tío a la cara. Y tendré que ser simpático. Esperemos que por lo menos gane el Madrid. Pero vamos, que aparte de eso y de la posibilidad de, si no estamos demasiado cansados, que lo estaremos, conocernos mejor en una habitación de hotel, no tengo el más mínimo inconveniente. No, qué va.”

En vez de decir todo eso, o algo parecido pero más breve(es decir, un simple no), recuerdo que ese chico de mirada perdida ha sido quien ha sido (el que ha estado guardando aquellas cajas), y entonces supongo que lo cortés y lo educado es afirmar la cita con cierta solemnidad. Pero el ser humano es egoísta, así que suavizo la afirmación y emito un suave, un leve, un viperino “como quieras”.

El coche arranca, con nosotros dentro y manualmente, por supuesto. Mientras avanzamos hacia San Fernando, no puedo evitar pensar “ ¡ya se, hablaremos de política!” sarcasmo que me hace sonreír y hace preguntar a mi interlocutora por mi estado de salud- el “qué tal estas” de siempre-, a lo que yo respondo aquello de “bien, bien”.   

Nos disponemos a acercarnos al hotel, dejar las cosas y, en mi caso, contemplar con cierta ternura como la conductora kamikaze que estaba a mi lado echaba un vistazo a las cajas, que aguardaban en el maletero de su coche el reencuentro con viejos recuerdos.