Cruz Pedro's profileLa Quijotera de MoePhotosBlogListsMore Tools Help

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    OBAMA, ese gran hombre blanco.

    Estaba yo desayunándome un tema de derecho administrativo, es decir, estudiando algo que se tiene que saber, pero que nunca se quiere estudiar, cuando llegué, casi por casualidad, a una noticia sobre aquel candidato del pueblo, el hombre que va a repartir la riqueza, va a detener la crisis y, en definitiva, va a hacer de nuestra vida una vida mejor. No, no hablo de José Luis Rodríguez, hablo de Obama. Lo digo, porque aún muchos acólitos del socialismo primitivo pensarán o para mejor explicar ensalzarán las virtudes de nuestro peculiar presidente del gobierno. Aclarado este punto, es decir que el mesías no es Zapatero, sino Obama, vamos a continuar con el interesante análisis de la situación. Obama, el gran Barak, podríamos decir, es un gran producto de mercadotecnia. A nadie se le escapa que se ha gastado casi el doble en publicidad que el otro candidato, ese malvado republicano, violador de derechos sociales, asesino de vietnamitas, que además tiene el descaro y la poca vergüenza de apellidarse como unas patatas fritas, esto es, McCain. Tampoco podemos obviar que, con 47 añitos, lleva el señor Obama nada más y nada menos 4 años como senador de Estados Unidos. Y ese miserable ser humano, de aspecto circunspecto, llamado McCain, se dejó hacer prisionero por parte de los valientes soldados vietnamitas, y estuvo en prisión durante cinco años, uno más que nuestro Obama redentor. Es que hay que ser inmoral. Y es que en éste país, llamado España, decir algo en contra de mr. Obama ( lo llamamos míster porque, al fin y al cabo, él habla inglés), es decir algo en contra del civismo, de la moralidad, del espíritu de libertad e igualdad de cartón piedra, pegada en la pared con chicle, que representa éste nuestro siglo XXI, es absolutamente contraproducente. Porque claro, tronco, él sale más en televisión que McCain. Porque, tronco, se ha gastado tres millones de dólares en un anuncio, para criticar a McCain. Un tío que se gasta tanto dinero en un anuncio de campaña electoral es porque realmente lo necesita: no me entendáis mal, no necesita vender su visión política de la situación, necesita humillar, desilusionar, hacer cundir el pesimismo, cual nueva gripe aviar, más contagiosa, menos vulnerable, y más mortal. Necesita destruir a su rival. Curiosamente, lo mismo que intentó hacer, y consiguió, con Hillary Clinton. Lo mismo que Hillary Clinton intentó hacer con él. ¿Qué pasa con McCain?, ¿por qué no recoge el guante?. Es decir, todos los malvados y facinerosos neocons de la tierra están esperando que McCain y medios afines a McCain hablen sobre el oscuro pasado de éste señor. Y no hablamos de reflejos en el espejo, señoras y señores, no. No se me vayan por el lado racistoide del asunto, que los tiros no van por ahí. Hablo de que, por ejemplo, el asesor espiritual del Gran Barak (ahora sí que pongo “gran” con mayúsculas), era un psicópata de la estirpe de los Charles Manson y compañía. Y su libro, que es el de cabecera de Obama, está dedicado al asesino de Kennedy. Pero no pasa nada, porque van los pocos Kennedy que quedan que aún no la han diñado y hablan y posan para el Gran Barak. Obviaremos su pasado musulmán, porque claro, la cultura musulmana la forman un gran crisol de tradiciones ascentrales, tronco. Y está bien que sea de procedencia musulmana, puesto que así serán con él más simpáticos los combatientes islámicos, que son muchos y con nombres muy divertidos, la mayoría de ellos pronunciables mediante un estornudo. Y no ocurre nada porque se reúna, en una comida, suponemos que de negocios, con el terrorista de origen palestino llamado Rashíd Khalidi, porque al fin y al cabo solo se le atribuyen cuarenta fiambres de nada. Y ya se sabe, tradición islámica. Y es que ser progre y de Estados Unidos es lo mejorcito que hay. Es como el gran amigo Carter, que pensaba que los enemigos de Estados Unidos pueden ser apaciguados con un par de palmaditas  en la espalda y la conveniente meneadilla, llamada blowjob por aquellas lejanas tierras. Y desde luego, la familia de Obama no tiene desperdicio. Es lo que el gobierno socialista intenta imponer aquí, esa cohesión familiar, esos valores familiares que Zapatero defiende a capa y espada contra todos: contra los católicos, contra los neocons, contra cualquiera con un poco de sentido común. Y es que éste hombre, el adalid de la distribución de riquezas( disculpad la carcajada pero JAJAJAJAJAJAJAJA!!! En serio, ¿alguien se lo cree?), tiene un hermano que se muere de hambre en Kenia. Si si, de hambre. Vive, como el mismo hombre declara para la revista Vaniti Fair, con un dólar al mes. ¡Un dólar al mes! Está por aclarar si ese dólar se lo da Obama, pero teniendo en cuenta que defiende la nombrada redistribución, lo mismo sí.  Y no es peor la situación de una tía suya, que es indigente en Boston. Ya de la famosa abuela, casi mejor no hablamos. Vive en su tribu, tan tranquila. La familia de Obama, ciertamente, es algo así como una micro alianza de civilizaciones, espejo de progres, azote de foráneos al comunismo progresismo. Desde luego, si yo fuese americano, no tendría en estos momentos ninguna duda: McCain es un tipo que no ha usado, en su campaña a la presidencia, ni un solo insulto contra Obama: nada de lo dicho anteriormente ha figurado en la campaña de este hombre a la presidencia; lo máximo que este pobre hombre ha sabido sacarse de la chistera es decir que es una “celebrity”, como Paris Hilton y otras zorras famosillas de aquellos lares y, claro está, su ascendencia musulmana ( que rascistas, los americanos, oye). Ay, McCain, alma cándida, que eso no es cool. Estás absolutamente démodé. Además, con esa operación de cirugía estética viviente que es tu cuello y cara, una oda a la cirugía estética posible en los setenta, ni siquiera puedes sonreír a izquierda y derecha, sino que lo haces todo de frente, y de seguido y, cual Chuck Norris, tu rostro refleja la misma eterna mueca, que no se sabe si estás sonriendo o te estás cagando en alguien por lo bajini. Además, es un hombre que ha dedicado toda su vida a su país, repito, toda su vida. Y eso, amigo John, ya no está de moda. Ni siquiera vale que te hayan hecho una película, ”Faith of My Fathers”, en plan héroe de acción y tal ( la película es del 2005, mucho antes de que McCain se planteara siquiera ser candidato a candidato). No, querido McCain, ésta es una era de imágenes, de sonidos, de abreviaciones rápidas de conceptos, donde el sentido común es definido todas las tardes en el telediario, para no tener que pensar en las malévolas vicisitudes que el mundo pone a nuestra disposición. La época de los héroes, de los caballeros que intentan por todos los medios no desangrar al rival con una ruin cuchilla escondida tras el parapeto de la armadura, han pasado. Políticas aparte, lo cierto es que visto lo visto, moralmente, si hablamos única y exclusivamente de la moralidad de cada uno de los dos candidatos, la victoria, en este siglo XXI, es claramente para McCain, por supuesto Obama.

     

     

    ASOCIACION DE IMAGENES

    carter                               =                     SenBarackObama                 =              50-caca-redonda

    Carta de cela a Robustiano Cipotón.

    - Expreso mi gratitud a mi comunicante con unos versos a los que titulo

    A Robustiano Cipotón, que no perdió la afición a utilizar del cojón la

    próvida munición. (Que Dios le conserve, hermano por los siglos de los

    siglos, un coño propicio a mano).

      Decían así:

      Robustiano Cipotón

    es un cachondo de Ronda

    que desea verrionda

    y eficaz

    y pertinaz

    la conducta del cojón.

      ¡Que Dios le oiga, compañero!

    Que en este mundo de mierda

    no hay cipote que se pierda

    por pensar

    y practicar

    que joder es lo primero.

      ¡Ay, pija devota y pía,

    brújula que del cojón

    marcas la dulce sazón

    calentura

    y polla dura

    que tan sólo el catre enfría.

      Robustiano Cipotón

    me la desea bravía.

    ¡Que Dios oiga todavía,

    Robustiano,

    fiel hermano,

    los ruegos de tu oración!

      Salut i força al canut,

    se desea en Barcelona

    y en Gerona y Tarragona

    para el quilé

    y el magué.

    Y el calibre del mamut.

      Como el pijo de Archidona,

    ¡cosa bona¡,

    pide al cielo para usted

    su compadre emocionado

    y a follar aficionado,

    Cela,

    Camilo José

    (de La Real Academia Española,

    que contra lo que se dice,

    mea sola).

    De un novio a su novia: Le temp de vivre..

     

    Nosotros tomaremos el tiempo de vivir

    De ser libres, amor mío,

    podremos soñar nuestra vida

    ven, estoy aquí, sólo te espero a tí

    todo es posible, todo está permitido

    ven, escucha éstas palabras que vibran

    en los muros del mes de mayo

    ellos nos dan la certeza

    de que todo puede cambiar un día

    ven, estoy aquí, solo te espero a tí

    todo es posible, todo está permitido

    Nosotros tomaremos el tiempo de vivir,

    de ser libres, mi amor

    sin proyectos y sin hábitos

    podremos soñar nuestra vida

     

    Y al finalizar, os hiero

     Iba yo un buen día caminando por la plaza de un pueblo perdido en la semblanza de castilla y la mancha, cuando de pronto y sin venir a cuento, mirando mi nariz un gamberrete, con malas pulgas me soltó un sainete. Habló rápido y sin vulgarismos, haciendo bajo el sol irónicos silogismos. No pude evitar sentirme indignado, pero con presteza recordé los versos que nunca pude haber olvidado, de una película que por francesa no deja de ser, a pesar de todo, caballeresca. Y le contesté así al pillo patrio, incorporándome a un montículo de piedra, cual si fuese un atrio:
     

    Eso es muy corto, joven; yo os abono
    que podíais variar bastante el tono.

    Por ejemplo: Agresivo: 'Si en mi cara
    tuviese tal nariz, me la amputara'.

    Amistoso: '¿Se baña en vuestro vaso
    al beber, o un embudo usáis al caso?'

    Descriptivo: '¿Es un cabo? ¿Una escollera?
    Mas, ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!'.

    Curioso: '¿De qué os sirve ese accesorio?
    ¿De alacena, de caja o de escritorio?'

     Burlón: 'Tanto a los pájaros amáis,
    que en el rostro una alcándara les dais?'

    Brutal: 'Podéis fumar sin que el vecino
    - ¡Fuego en la chimenea! - grite?'

     Fino:
    'Para colgar las capas y sombreros
    esa percha muy útil ha de seros'

    Solícito: 'Compradle una sombrilla:
    el sol ardiente su color mancilla'.

    Previsor: 'tal nariz es un exceso:
    buscad a la cabeza contrapeso'.

    Dramático: 'Evitad riñas y enojo:
    si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo'.

    Enfático: '¡Oh, Nariz!... ¡Qué vendaval
    te podría resfriar? Sólo el mistral.

     Pedantesco: 'Aristófanes no cita
    más que un ser solo que con vos compita
    en ostentar nariz de tanto vuelo:
    el Hipocampelephantocamelo'.

    Respetuoso: 'Señor, bésoos la mano:
    digna es vuestra nariz de un soberano'.

    Ingenuo: 'De qué hazaña o qué portento
    en memoria, se alzó este monumento?'

    Lisonjero: 'Nariz como la vuestra
    es para un perfumista linda muestra'.

    Lírico: '¿Es una concha? ¿Sois tritón?'
    Rústico: ¿Eso es nariz o es un melón?'.

    Militar: 'Si a un castillo se acomete,
    aprontad la nariz: ¡terrible ariete!'.

    Práctico: '¿La ponéis en lotería?
    ¡El premio gordo esta nariz sería!'

    Y finalmente, a Píramo imitando:
    '¡Malhadada nariz que, perturbando
    el rostro de tu dueño la armonía,
    te sonroja tu propia villanía!'

    Algo por el estilo me dijerais
    si más letras e ingenio vos tuvierais;
    mas veo que de ingenio, por la traza,
    tenéis el que tendrá una calabaza,
    y ocho letras tan sólo, a lo que infiero:
    las que forman el nombre: Majadero.

     remix
     Y al finalizar, os hiero :P
     
     

    THE DARK KNIGHT: LA MEJOR PELÍCULA DEL AÑO

    Sin más preámbulos pongo el título para que lo sepáis ya directamente: The Dark Knight. No es sólo una película de superhéroes: es LA PELÍCULA.

     

    Es la primera película que veo desde el señor de los anillos: el retorno del rey, que dura más de dos horas (se acerca temiblemente a las tres horas), y sin embargo el tiempo pasa "placidamente" (para entender el entrecomillado... no hay palabras, tendréis que ir a ver la película.)

     

    El guión del señor Nolan es un GUIÓN, y no la mierda de cuatro guionistas asalariados del estudio de turno que, cual funcionarios, escriben lo primero que se les ocurre para acabar lo antes posible e irse a casita. No, no. Esto es un GUIÓN, hecho por unas personas que, realmente, le han puesto cariño, mimo, tiempo, muchísimo tiempo, a un guión que trasciende del superhéroe con problemas tipo spiderman, para ser una película que supera con creces a Infiltrados ( la mejor película de hace unos años), y se queda a muy poco de El Padrino II, que en este género de ficción- crimen es la madre de todas las pelis. Porque sí, The Dark Knight no es una película de superhéroes, desde luego no lo es a tenor de lo visto con otros personajes del comic. Quizá, pero eso sí muy, muy, muy lejos, podría citarse la reciente Iron Man. Aunque para que os voy a engañar, The Dark Knight le da MIL VUELTAS. A cualquier película que hayáis visto antes, en todo lo que va de año, en los cines. 

     

    De hecho es tan buena, tan impresionante( servidor la ha visto en inglés, en español confiaremos en el doblaje, que dicen que es decente), que os recomiendo encarecidamente que os gastéis los euros, y vuestro tiempo en ir a verla al cine. No seáis cutres: ésta película se os quedará en la retina todos los años de vuestra vida. Junto con Amelie, el Gran Lebowski, el Padrino II y pocas más. Es LA PELÍCULA DEL AÑO. Si tenéis que dejar de fumar por un día, para ir a verla, hacedlo. No os arrepentiréis.

     

     

    Habréis oído ya, supongo, comentarios sobre si Heath Ledger (Destino de Caballero, Brockeback Mountain) supera a Nicholson como Joker o no. Yo os lo voy a resumir muy fácilmente, con imágenes para que entendáis el concepto que os quiero transmitir

     

    jackjoker

     

    Este Joker, el clásico de Tim Burton, es JACK NICHOLSON HACIENDO DE JOKER. Lo cual no quiere decir que no sea bueno, de hecho, es MUY BUENO.

     

     

    heath joker

    Este Joker ES JOKER. NO SE VE EL ACTOR QUE HAY DETRÁS DEL PAPEL. ES EL JOKER POR ANTONOMASIA: no es que sea bueno, es que es INSUPERABLE.

     

     

    Y eso por no hablaros de los demás personajes:

     

    Alfred: Es Michael Caine, por dios, El Americano Impasible. Simplemente Superior a cualquiera de la saga Batman.

     

    Lucius Fox: Este personaje, clave en la película, está interpretado por Morgan Freeman. Repito: Morgan Freeman.

    La Chica/Novia de batman: aquí llamada Rachel: se establece con ella un triangulo amoroso la mar de interesante, no os puedo contar más sin destriparos la película.

     

    Antes de llegar a Batman, mención especial a Harvey Dent: Aaron Eckhart es el mejor Dos Caras posible. Papelazo del Caballero Blanco, como le llaman en la peli. Ni punto de comparación con el que interpretó Tommy Lee Jones, en el que fué seguramente el peor papel de su carrera cinematográfica:

     

    doscaraslee

    Simplemente, patético, por no hablar del escaso desarrollo del personaje: en the Dark Knight este personaje tiene MUCHISIMO más tirón, es absolutamente abrumadora la historia que se desarrolla en torno a él:

     

    Dos carascara

    Harvey Dent, fiscal de Gotham.

     

     

     

    Y por último, hablemos de hombres murciélagos: por qué Christian Bale es mejor batman que Michael Keaton? ( obviamente, fuera de la lista quedan George Clooney, y Val Kilmer, por razones obvias). El mítico Adam West de la serie de los 60 es eso; un recuerdo de nuestra infancia. Impagable.

     

     

    Bale ES Batman: es un millonario playboy atormentado por su pasado que decide combatir el crimen, casi de manera compulsiva. La segunda parte de Batman Begins, que es esta The Dark Knight, continúa con la historia y la enaltece hasta grados desconocidos por Hollywood actualmente: es COHERENTE.

     

     

    Si, amigos míos: Batman es mejor que Heat, que Infiltrados, Los Intocables y que El Padrino (ojo, la primera).

     

    las iguala y en momentos supera en cuanto a calidad cinematográfica y les da un baño en cuanto a complejidad argumental y riqueza de discurso

    Porque señores, y aquí salta la sorpresa, la pelicula de los Nolan (y la llamo así porque el libreto es media película) es una película terriblemente filosófica que centra su discurso entre la eterna lucha entre Orden y Caos, las diferencias entre ética y moralidad, y sobretodo en la delgada base en la que reposa el orden social establecido.

     

     

     

     

    batmanreturnsthedarkknightposter

     

     

     

     

    Tragicomedia de Fulano y Mengano

    Fulano se subió a la barandilla                  
    de la torre de babel                                   
    de los deseos                                           
    pero antes de caer
    pensó en su vida
    y se agarró
    a un paragüas mensajero
     
    Mengano se colgó
    de las narices
    de una estatua libertaria
    de Pinocho
    pero antes de saltar
    pensó en el crimen
    que sería morir
    como un mentiroso
     
    Fulano escapó
    hacia las montañas
    pensando en encontrar
    un santuario
    pero cuando
    le empapó la madrugada
    echó de menos
    su techo imaginario
     
     
    Mengano volvió a hacer
    de equilibrista
    en el balcón
    de los desafinados
    pero el no pretendía ser artista
    solo queria ser
    un loco equilibrado
     

    La oscura vida de Will Temple. "Episodio piloto"

    Verde como el vómito de una parturienta. Esa era la definición que había dado tu querido y único amigo de aquella camisa comprada en Covent Garden el invierno pasado. Y lo cierto es que nunca habías visto vomitar a una mujer de parto, ni ganas tenías de ello, por lo que el verde de la camiseta te recordaba más bien al verde de los residuos radiactivos. Ese verde que, cuando sale en un bidón y está escrita más abajo la palabra “danger”, augura una de las más terribles desgracias que pueden augurarse en una película. De hecho, la palabra “danger”,  era el axioma perfecto para las mutaciones. Para cualquier tipo de mutaciones; desde Zombies hasta tortugas ninja. Todo lo alcanzaba aquella palabra. El caso es que se celebraba una fiesta, y tú estabas invitado simplemente por ser vecino de la chica que cumplía en aquel día 22 años. Por sanidad emocional, pensabas que aquella camisa espantaría a cualquier bicharraco que se te acercase, dándote la oportunidad de ser tú el que diese el primer paso. De ésta manera, podrías conseguir la atención de aquellas personas cuya atención realmente mereciese la pena conseguir. Había que tener mucha personalidad para llevar puesta una camisa como ésa, no cabe duda. Tú no la tenías, pero disfrutabas con la ficción de que efectivamente, tu personalidad era mucho más interesante que la de aquellos individuos de tu misma edad que se disfrazaban de gente moderna y de moda, listos para confrontar cualquier tipo de enlace socialmente disponible con la vivacidad, agilidad y frescura que requería aquel tiempo. Era cuestión de vivir rápido y además bien. Sin embargo ese no era tu terreno, desde que eras un niño de teta observabas el mundo desde tu cuna con salvaje curiosidad, y nunca desde entonces has dejado de hacerlo. Te parecía todo tan curioso: las relaciones humanas, tan sencillas en su finalidad y tan complejas en su forma, atraían tu atención como la sangre atrae a un escualo. Así era y tus continuos intentos por entrar dentro de la normalidad hormonal propia de tu edad y de tus impulsos sexuales resultaban sencillamente vanos. Eras diferente, había que aceptarlo y cargar con ello. En esa carga estabas pensando cuando paso un ejemplar de tu mismo género con el pelo teñido de naranja fosforito, cosa que hasta entonces juzgabas imposible, y una camiseta exageradamente pegada al cuerpo. No pudiste evitar pensar en la palabra “sudor”, seguida de la sensación de asco propia de esas palabras que se distinguen por su facilidad para ser reconocidas y materializadas por los sentidos. Efectivamente, era cuestión de horas que aquel chico comenzase un proceso de sudoración profusa relacionada con el ejercicio físico. Pero tus ojos no pudieron evitar fijarse en otro ejemplar, ésta vez del sexo contrario, que sentado en un sofá leía plácidamente un ejemplar de Ghost Rider. No tenía ningún rasgo destacable, más allá del hecho de leer un cómic en medio de una fiesta. Razón suficiente para que tú y tu camisa verde os acercaseis hasta que la distancia se redujo lo suficiente para que la acústica de la habitación permitiese efectuar un “hola”.

    -Hola- dijo Will por encima de su camisa verde.

    la respuesta no fue tal, pues la chica decidió simplemente ignorar a un pesado más, ataviado inclusive con una camisa tan… monstruosa.

    - Me ha parecido que estabas leyendo El Motorista Fantasma. Es un cómic muy bueno. Fue una lástima la pésima adaptación que le hicieron.- Will insistió, pues al fin y al cabo no tenía nada más que hacer ni tampoco nada que perder, excepto tiempo.

    El factor cómic pesó sobre la conciencia de la muchacha, que no tuvo más remedio que discurrir entre la típica excusa del “no te había oído” y una sonrisa.

    -Pues sí, la adaptación es una mierda. Últimamente adaptan cómics sin parar, despreocupándose por la calidad y abrumando con efectos especiales y…- la duda surgió en su mente y la respuesta era necesaria-… perdona que te pregunte, pero… ¿de qué conoces tú a Carmen?

    Will ni siquiera sabía con precisión cuál era el nombre de su vecina, así que en el fondo agradeció la utilidad de la información recibida por la desconocida. Su respuesta era sencilla y de lo más evidente. Viendo la clase de gente que se paseaba por aquel sitio, estaba claro que no era uno de sus amigos.

    -Soy su vecino desde hace un tiempo. Vivo en el chalet de al lado. ¿Cómo te llamas? -La respuesta era efectivamente precisa, pero la duda seguía ahí. Raro es que Carmen invite a un tío con aquellas vestimentas tan peculiares. Seguramente, la invitación vendría de arriba. De los padres.

    -Me llamo Isabel- contesto la chica mirando atentamente aquella camiseta grotesca que parecía el torso desnudo y sin rasgos anatómicos de El Increíble Hulk.- ¿Y tu?

    -Me llamo Will. Encantado de conocerte. Dime, ¿que más cómics te gustan?

    Y lo cierto es que, durante aquella conversación, afable, interminable, monotemática pero, a su manera, interesante, Will tuvo todo el tiempo que sus ojos necesitaban para examinar de arriba abajo a aquella friki de los comics Marvel. Su innata curiosidad le había hecho desarrollar una fuerte intuición acerca de lo que podían hacer y cómo podían ser lo demás, por lo que, por ejemplo, no necesitaba ver a una mujer desnuda para saber cómo era su cuerpo. Isabel era una mujer alta, más allá del metro ochenta por los tacones que calzaba y las largas piernas que, durante la conversación, cruzaba por debajo de su cuerpo. Era una señal de que se estaba empezando a encontrar a gusto. Al principio no cruzaba ni una sola mirada con él, pero tras media hora de conversación las miradas se encontraban y se regocijaban en el encuentro,  que con el tiempo paso de ser casual a ser buscado, casi deseado, por los dos interlocutores. La experiencia le había enseñado a Will que hay un momento, en la mirada de toda mujer, en que se puede ver perfectamente cuáles pueden llegar a ser sus sentimientos hacia uno mismo. Era ese momento en que la necesidad tan animal como humana de espacio visual propio se desvanecía y sus pupilas buscaban las otras con asiduidad, y cuando las encontraban y se disparaba la química hormonal , éstas se dilataban y la respiración se volvía, por momentos, potencialmente exagerada. Era apenas un suspiro, unos segundos interminables en los que el más experimentado podía otear su futuro con la mujer que tenía enfrente. Sin embargo, la interpretación era tan flexible que la posibilidad de fracaso era exactamente la misma que la de éxito. Pero algo le decía a Will que no se equivocaba cuando pensó que iba a persuadir a aquella chica para compartir con él algo más que palabras. No tenía prisa. Una copa, otra, otra más entre Iron Man y El Capitán América, y todo iba sobre ruedas. El  final de aquella noche se presentaba como un guión que se le acababa de escapar de las manos a Stan Lee. El alcohol hizo su parte en la desinhibición, y en una carcajada basada en el cruce entre Thor y Venom las caras se acercaron y los brazos se enlazaron, manteniendo el equilibrio, si, mas incrementando la tensión sexual que se mascaba en el ambiente. Will ya sentía la respiración de Isabel en su boca cuando un empujón le hizo perder el equilibrio, el beso y el buen humor. Se levantó, y cuando lo hizo pudo ver una cabeza naranja fosforita, rodeando una cara con gesto nefasto y contrariado, mientras tanto, Isabel lloraba acurrucada en su sillón, pidiendo perdón a aquel hombre entre sollozos. Como Will había pronosticado, el hombre esgrimía una profusa sudoración, que hacía que su exigua camiseta se le pegase más al cuerpo y un hedor desagradable surgiese por debajo de los brazos. No pudo entender los insultos que le dedicaba aquel intelectual, pues sus sentidos estaban embotados por la caída, el alcohol y la rabia, y sólo pensaba en golpearle. Sí, aquel cutre imitador de la Antorcha Humana- quizá por ello salía con Isabel-, sucumbiría ante su boxeo: volaría como una mariposa, picaría como una abeja. Lo de picar como una abeja no lo consiguió, pero quedó para todos los allí presentes constancia de que sí que voló como una mariposa, del metro ochenta al cero, besando el suelo al tiempo que emitía un ligero vómito, curiosamente de color verde. Era su última noche en España hasta dentro de mucho tiempo, y curiosamente lo agradecía, mientras cerraba los ojos por un momento y pensaba que todo aquello no era más que un mal sueño. Pero tarde o temprano tendría que levantarse…

     

     

    El mercurio oscila entre el calor y su exceso en Waikiki, pero solo puedes esperar una respuesta parecida a la negativa. Es decir: no, no vas a conseguir ese empleo que tanto anhelas en la panadería de Jake Longbottom, simplemente porque no eres lo suficientemente bueno. Las aspas del ventilador funcionan a treinta centímetros de tu cara y puedes oír perfectamente su susurro, como el de una mosca cuando está acechando los deshechos fecales de un búfalo. Sin duda alguna un gran festín para el patético insecto. Un insecto, como tú: cuatro años en la mejor escuela de repostería que el dinero pueda pagar, y te encuentras suplicando a un gordinflón para que te deje un puesto como ayudante de horno. “No le voy a decepcionar”, era la frase que repetida diez veces en una entrevista que duró menos de media hora te hizo perder todo tipo de amor propio. Ahora te agazapas en la cama del motel, mirando a tu móvil, esperando la ansiada llamada, deseando que todo vaya bien, que te den el trabajo y que tu vida de un giro de… bueno, de unos veinte grados. Al menos, así tendrás dinero para pagarte tu propia manutención y no tener que recurrir ni a tus padres ni a las mujeres, que entran y salen de tu vida como quien entra y sale del dentista cada cierto tiempo. O del ginecólogo, por analogía, claro está. El sueldo no era gran cosa y el trabajo… bueno, si te sentías como una mosca, es indiscutible que el trabajo era la suculenta mierda de búfalo: execrablemente necesaria para sobrevivir.  Pero el teléfono no sonaba, ni tan siquiera brillaba, estaba ahí, a oscuras, ajeno a todos tus pensamientos y problemas, casi se podía decir que hasta contento de no tener que sonar. La impaciencia te hizo acercar tu trémulo dedo índice hasta una tecla, simplemente para hacerlo brillar y obligarle a compartir contigo esos momentos de angustiosa espera. Y al hacerlo, aquel conglomerado de tornillos y plástico efectivamente se iluminó, mostrando un mensaje en su pantalla: “Pulse desbloq y luego *”. No sabes si sentirte indignado o agradecido por el hecho de que una máquina se dirija a ti con esos modos, tan diplomáticos, educados, ajenos al ambiente de decadencia que te rodea.  Por el rabillo del ojo y gracias a la lucecilla del aparato que te acaba de llamar de usted distingues un animal negro como la noche moviéndose con cierta velocidad hacia unas migas de un bollo que ha sido toda la comida que has probado hoy. El animal rápidamente coge una de las migas más grandes y se larga disparado por la puerta entreabierta. Deberías levantarte y cerrar la puerta, antes de que vengan más bichos negros, atraídos por la colecta que acababa de hacer su compañera de especie. Sin embargo, al ir a cerrar la puerta, compruebas que otro bicho, más bien de color marrón y algo más grande, se está comiendo a la desventurada alimaña que había osado adentrarse en tu habitación. Es en el momento en el que oyes el crujido de un caparazón hundiéndose ante la poderosa presión de unas mandíbulas hambrientas, cuando caes en la cuenta: ¿por qué demonios estaba la puerta abierta? Es decir, ese motel  era lo único que te habías podido permitir con tus últimos cincuenta dólares, ahorrando treinta para, sencillamente, comer. Y un motel de veinte dólares en una isla como aquella no era lo más seguro del mundo: estaba claro que el pestillo de la puerta acompañaría al gesto de cerrar ésta una vez estuvieses dentro. Una nota, cercana al depredador marrón, y por lo tanto tirada en el suelo, te daba las gracias de parte de una tal Esmeralda: “ha sido una noche fantástica, espero que nos volvamos a ver en Madrid”. Sonó el teléfono sacándote de tus pensamientos, que desfilaban decididamente por el borde de la paranoia al pensar que, probablemente, aquella chica se había acostado contigo por pena. Pero una vez vuelto a la realidad el teléfono seguía sonando, así que no había otra cosa que hacer que descolgar. Desde el número privado que te llamaba surgió una voz potente y familiar, de alguien que lo tiene todo en la vida. Efectivamente, era la voz de tu padre. Después de un monólogo interminable acerca de lo inútil que puedes llegar a ser en ciertas ocasiones, a la orden que siguió a aquella perorata fuiste capaz de contestar un único e inofensivo monosílabo: sí. Es decir, sí, te subirás a la limusina que en cuatro horas llegaría a tu cuchitril, cogerás ese vuelo charter y te plantarás en Madrid con dos maletas y carácter sumiso. Tus sueños infantiles de independencia, a base de limpiar hornos, se hacían añicos. Volverías a Madrid, a tu vida millonaria y contemplativa de la vida y de la naturaleza. Volverías a trabajar para tu padre, en un trabajo que no es que no te gustase, es que lo odiabas, indefinidamente. Allá van Will Temple y sus dos maletas, dispuestos a hacer el memo una vez más, después de su enésimo fiasco vital, como un hijo pródigo inútil de tantos que vagan por el mundo con el estigma de la inutilidad.

     

    Shawn Michaels vs Kurt Angle

    Mucho tiempo. Horas, días. Semanas preparando tan sólo menos de veinte minutos de combate. Y cardenales, golpes, moratones, cortes, calambres, esguinces y un hombro dislocado para llegar hasta donde estoy ahora. El combate. Sesenta mil personas esperan detrás de la cortina. Y aquí, en Backstage, lo único que se respira es tensión. El aire está muy ocupado llenando los pulmones de auténticos titanes, algunos de más de 130 kilos. Atletas que llevan en esto desde el instituto. A mi alrededor puedo ver antiguos luchadores de Vale Tudo, campeones olímpicos, ex marines, ex combatientes de fuerzas especiales, como los SWAT, futbolistas* retirados por una inoportuna lesión e incluso, paradójicamente, doctores en derecho que han decidido dedicarse a una profesión que, continuamente, te llena de adrenalina. Y cuanto más lo pruebas, más lo vives, más quieres. Yo estoy aquí, rezando porque todo salga bien: que la gente se divierta, que el combate sea bueno y, sobre todo, que no ocurra ningún percance que me lesione a mí, o a mi compañero. La idea es volver a casa con todos los huesos en su sitio, y disfrutar de unas merecidas vacaciones con mi familia. Pero todos sabemos que las contusiones serán inevitables. Hay que salir ahí a darlo todo, y una vez que surges entre bambalinas, escuchas tu música, haces tu entrada y te subes al ring, ves, escuchas, sientes a la gente animándote, sólo piensas en darlo todo porque el espectáculo merezca la pena. Hago los últimos estiramientos antes de entrar al ring. Un puntal de dos minutos para fortalecer el cuello. El truco está en el cuello. Desde que empecé en el mundillo he ido a unas olimpiadas, a un campeonato del ejército de los Estados Unidos y, antes, a dos o tres campeonatos universitarios. Menos las olimpiadas, los he ganado todos. El luchador que tengo ante mí, sin embargo, “sólo” ha ganado una medalla de oro en Atlanta 96. Pero de eso hace ya casi diez años. Me ha saludado hace apenas cinco minutos, luego se ha puesto a calentar. Gran tipo, Kurt Angle. Después de los combates reales, vino la televisión, el espectáculo para todos los públicos, la eterna discusión sobre si lo que hacemos es un montaje o es real. Obviamente, es un montaje. Nadie, en ninguna disciplina deportiva, puede dar un combate de veinte minutos seguidos. Siempre habría un vencedor mucho antes. Lo que hacemos nosotros es entretener. Es espectáculo. Unos cantan, otros actúan; nosotros luchamos. Y aunque esté todo pactado, y yo sepa de antemano que voy a perder éste combate, porque así lo hemos decidido, veinte minutos habiéndotelas con un monstruo de más de cien kilos de peso, son muchos minutos. Además, ya soy mayor para estas cosas. Empecé en la época dorada de éste deporte, junto al legendario Hulk Hogan. La diferencia es que Hogan era el héroe, la estrella, y yo me limitaba a perder mis combates y sonreír. Pero todo cambia en ésta vida, y cuando la franquicia de la compañía te abandona, tienes que mover el banquillo. Yo tuve mi oportunidad, y la aproveché. Fui campeón 4 veces, 4. Sí, todos los combates estaban escritos, todos, menos uno… pero eso, eso es otra historia. El caso es que después de dos años inactivo por una lesión de espalda más que seria, me enfrento a uno de los luchadores más técnicos que existen en la actualidad. Y la lucha tendrá que ser buena. Fuerzas de flaqueza, esfuerzo, mucho esfuerzo, para estar a su altura. Va a salir  todo a pedir de boca. Será un combate, simplemente, memorable. Los esteroides están prohibidos, hasta los painkillers están prohibidos. Sólo hay que verme ahora, y verme hace siete años. Era un monstruo de cultivados músculos a base de gimnasio, batidos de proteínas y pastillas. Ahora soy un hombre de cuarenta años que no llega a los noventa kilos de peso, dedicado más a mi religión que a mi ego. Soy sacerdote protestante; lo cual no deja de ser irónico, después de la vida turbia, alejada de la virtud, que me ha caracterizado hasta no hace demasiado. Pero ahora miro al cielo y le pido a Dios una oportunidad para hacer las cosas bien. No sé hacer otra cosa, sólo luchar. Y lo hago endiabladamente bien. Así que, temo por mi espalda, por mi mujer y por mi hija de cuatro años, pero a la vez espero dar un buen, un gran espectáculo. Suena mi música, la misma que lleva sonando desde hace quince años, la gente grita, se entusiasma, reclama mi presencia. Todo es un torbellino de sensaciones, sentimientos. El corazón se acelera a más no poder. Espero un poco… si, ahora, debo salir. Es mi momento. Disfrutad del espectáculo.

     

     
      Shawn Michaels vs Kurt Angle Wrestlemania 21 (1)
         
                                 Shawn Michaels vs Kurt Angle Wrestlemania 21 (2)

                                                                                                                

    Ponte las putas gafas!!

    Y no es que alguien que yo conozca, y haya tenido un momento visualmente limitado, sea el objetivo de esta frase infame que todos hemos dicho con más o menos carga ofensiva alguna vez en nuestras dilatadas pero limitadas vidas. Tampoco es que ahora me haya dado por las drogas, o me haya enganchado a esos extraños somníferos nicaragüenses que hacen que tengas alucinaciones si tomas más de tres tabletas a la semana… No, mi salud mental es básicamente la misma que hace años, lo cual no quiere decir que sea buena, ni que sea mala; simplemente, no ha cambiado. Lo cual, en cierto sentido- o, que demonios, en varios sentidos-, es un alivio. Ni siquiera es mía la originalidad de la frase: no me he levantado y  he ido directamente al ordenador a escribir cuatro gracias acerca de una frase usada desde que la humanidad usa dichos artefactos visuales para poder ver al prójimo, obviamente también para ver al próximo, que es importante identificar y diferenciar de los demás próximos, que pueden ser prójimos de no importa cual fuera la clase, pero si están próximos o aproximándose es mejor identificarlos cuanto antes. Por si acaso se aproximan demasiado. Prójimo y Próximo. La Historia fue cruel, una vez más, pues sólo Próximo llegó a ser emperador. A Prójimo lo trataron fatal, hasta que llegó Jesús y predicó aquello de amar al Prójimo.  No era más que justicia. El caso es que aquí me encuentro hablando de que voy a hablar de la frase que he puesto, justo al principio, con una inquietantemente tolerada falta de ortografía, y después de varias puñeteras líneas aún no sabéis de qué voy a hablar. Bueno, más bien, de por qué voy a hablar de lo que voy a hablar, y de por qué estáis delante de vuestro ordenador juntando letras y formando palabras, buscando un sentido a todo esto, cuando podrías estar juntando dos rodajas de pan con jamón y queso y haceros un mixto. Acompañado, eso si, de una refrescante cervecita o refresco gaseoso al  gusto. Los más sedientos requerirán supongo el incombustible vaso de agua. También habrá alguna nenaza a la que le dé por el té helado: es una mariconada, pero no hay nada que objetar: si apetece, apetece.  

    Pero creedme, todo tiene sentido y todo encaja. Os lo explicaré. En primer lugar quiero dar las gracias al Gobierno de la Nación. No, no os preocupéis, aún no he echado mano a la dormilina nicaragüense,. Lo que digo es cierto: gracias al tan nefasto como famoso canon digital, ahora me siento más motivado si cabe a bajarme cosas de internet, ya sean películas, libros, música o cualquier otra cosa. Ya que pago por ello, Miguel Bosé podrá producir otro disco con el diezmo que ganó ayer cuando mi padre se compró una impresora, pero yo paso del señor Bosé y de su hermana Bimba, que debe ser un pedazo de pan, llamándose así. Yo la hubiese puesto “Rodajita”, para no comercializar demasiado la marca que todos tenemos en mente, o quizá “Hogaza”…bueno, “Hogaza” no, porque se parece mucho a “Holgazana”, y tampoco merece la pena insistir en ello. El caso es que hoy por la mañana, mientras ordenaba apuntes(qué remedio), me he descargado un clasicazo de los ochenta: They Live. Es del año 1988, pero aún así puedo asegurar a propios y extraños que no he querido que coincidiese su veinte aniversario con la consecución de la Eurocopa por parte de nuestra bien amada Selección. Sin embargo, paradójicamente, así es.

    En esta película, se sucede una invasión extraterrestre, de esos extraterrestres de toda la vida, casi entrañables ya, que se meten en los cuerpos de las personas que se dicen humanas. Está el típico héroe casual, muy de los ochenta, con su mullet al viento, cuadrado y sin novia hasta el final de la peli, que suele acabar con un beso a una chica normal; no una modelo superespectacular:  en los ochenta las heroínas eran mujeres normales con cierta gracia. Eso sí con los pantalones subidos casi hasta la altura de los sobacos. Normalmente con cintita en el pelo. Y no, no iba a juego con el resto del vestuario. Así eran los ochenta. El caso es que nuestro casual hero americano, aparte de la recortada Terminator marca de la casa, tiene un objeto que puede hacerle distinguir entre los extraterrestres y los no extraterrestres: unas gafas de sol. Aquí algunos dirán, con ira, con furia asesina: ¿tres párrafos con bromas insustanciadas sobre “próximo” y “prójimo”, para llegar ahora a esto??. A esa gentuza que ha pensado algo similar, sólo quiero hacerles notar que hace tiempo las gafas de sol pueden ser graduadas.  Y aunque no lo fueran, que lo son, Próximo siguió siendo emperador.

    Volviendo al hilo argumental, el héroe tiene un amigo, el típico actor secundario que, desde el minuto diez de la película más o menos, sabes que la va a cascar. Pero no te importa, ha nacido en la gran pantalla para morir, y sólo esperas que a medida que avance el metraje no desarrollen demasiado su personaje, para no simpatizar con él demasiado antes de que muera. En este caso efectivamente, nadie simpatiza con este pobre hombre. Más después de la escena que he puesto a continuación. Su amigo, el héroe, el “pride of america” (si bien me consta que el actor, que no es otro que el famoso luchador “Rowdy” Roddy Piper, es escocés), le intenta convencer de que se ponga las gafitas, para que vea a los malos, y juntos limpien la ciudad. Pero claro, el otro, de natural desconfiado, no lo tenía muy claro, pues no veía la necesidad de ponerse gafas de sol en un callejón y a la sombra.  Así que bueno, como son americanos, son hombres, y son los ochenta, resuelven la controversia de la manera más civilizada posible: a puñetazos.  La cabezonería humana no tiene límites, sería la conclusión de esta dilatada aproximación al mundo de John Carpenter. Pues si, dos hombres liados a puñetazos y patadas en los huevos( más bien rodillazos), por unas gafas que, se ve a la legua, son compradas en los chinos. Faltaba un buen publicista en la peli, puede que Ray- Ban hubiese pagado una pasta porque unas gafas suyas tuvieran tanto protagonismo.

    Pues ya sabéis: si no queréis llevaros una paliza, si alguien os ofrece unas gafas, no lo dudéis: ponéoslas. Puede que el mundo dependa de vosotros.

     

    muertos de risa

    Un rico hombre blanco sorprende un dia a su jardinero negro meando

    y ve que tiene una picha enorme, asi que le pregunta :

    - Oye, Tom, que haces para tener tan magnifico aparato ?

    - Oh, es facil, lo unico que hay que hacer es todos los dias, cuando te vas a la cama, tener una ereccion, y entonces golpear la polla contra los barrotes de la cama muy fuerte cinco veces.

    El blanco no acaba de creerse esto, pero en vista de la irrefutable

    evidencia decide probarlo, asi que esa noche, cuando se va a la cama, espera a tener una ereccion y pega los cinco mamporrazos contra los barrotes de la cama. Entonces su esposa se despierta y ,adormilada todavía,pregunta alegremente, :

    - Tom, eres tu ?
     
     
    Esto son tres amigos a cada cual más vagos que se encuentran un día y le dice uno a otro:



    - Tío, mira si seré vago que el otro día iba por la calle y vi un maletín lleno de dinero tirado en el suelo, pero por no agacharme a cogerlo pase de él y me marché.

    - ¡Bah!, eso no es nada, el otro día iba por la calle y en la otra acera veo una tía buenísima, completamente desnuda e incitándome al polvo pero por no cruzar la calle no hice nada.

    - Pues lo mío fue peor, el otro día fui el cine y me pase toda la película llorando.

    - ¿Y eso? - Dicen los otros dos.

    - ¡Es que me pillé los huevos con el asiento, y por no levantarme...!.
     
     
    Un abuelo que le dice a su nieto:
    " Niño, ¿Cómo se llama el alemán que me esconde las cosas"?
    Y el nieto le responde:
    "Alzheimer abuelo, Alzheimer.
     
     
    HIJO:Papá,tengo que hacer un trabajo para la escuela.Te puedo hacer una pregunta?PADRE:Claro,hijo.Qué quieres saber?HIJO:Qué es la política?PADRE:Bueno,tomemos nuestra casa como ejemplo.Yo soy el que traigo el dinero a casa,asi que se me puede llamar "el capitalismo".Tu madre es la que administra ese dinero,por lo que la podemos llamar "el gobierno".Entre los dos cuidamos de tí y de tus necesidades,entonces tú serías "el pueblo".A la sirvienta la podemos llamar "la clase trabajadora" y tu hermana pequeña sería "el futuro".Entiendes hijo? HIJO:No estoy seguro.Tengo que pensarlo.Esa noche,cuando el llanto de su hermanita lo despierta,el chico va a ver qué pasa.Al ver que la niña ha ensuciado el pañal,va a la habitación de sus padres pero se encuentra a su madre durmiendo profundamente.Va entonces a la habitación de la sirvienta,para descubrir a su padre en la cama con ella.El chico golpea la puerta,pero nadie lo escucha,por lo que vuelve a dormir a su habitación.A la mañana siguiente el niño le comenta a su padre,HIJO:Papá,creo que ahora entiendo lo que es la política.PADRE:Muy bien.Me lo puedes explicar con tus palabras?HIJO:Bueno,mientras el capitalismo se folla a la clase obrera y el gobierno no le hace caso a nada,el pueblo es ignorado completamente y el futuro está lleno de mierda!
     
     
    Se abre el telon y se ve un muñeco de nieve rodeado de albondigas.
    Se cierra el telon y........
    Título de la obra:
    El albondigable hombre de las nieves
     

    fatalidad y mirarse al ombligo.

    Paseaba Dimitri por las calles empedradas de Vilnius, desprecoupado, sin pensar en prácticamente nada que no fuese el frío que se respiraba en el ambiente, te entraba en los pulmones y se desvanecía dejando tan sólo un pequeño escalofrío. Pues sí, hacía frío en ese pequeño rincón del mundo. Lituania había dejado de ser parte de la extinta URSS  largos años ha, pero aún sin comunistas seguía haciendo frío exactamente en la misma época, y exactamente el mismo frío, si no más. Pensamientos estos vanos y desinteresados que acudían a Dimitri cuando paseaba felizmente por las calles que le habían visto crecer. A sus 33 años, no podía dejar de admirar los cambios que en tan poco tiempo habían transformado su entorno que, a pesar del frío, seguía igual de cálido y de familiar que el recuerdo que ahondaba en los más plácidos estíos de su niñez. No le vendría mal a su pequeña nación un poco de ese calentamiento global, ciertamente. Era el sarcasmo más obvio en un día tan frío. Se rascó la cabeza debajo del sombrero de lana, y descubrió algo que ya sabía desde hacía mucho tiempo, pero que siempre había considerado desinteresadamente normal: se estaba quedando calvo. A su edad, era objetivamente normal que te dejase de crecer pelo en ciertas zonas. La deforestación capilar, pensaba alegremente, ¡qué problema más complicado de resolver!, a pesar de todos los ungüentos y linimentos existentes, al final, se cae. Que se lo digan a su padre, y a su abuelo. Qué cosas. Dimitri era la primera generación en su familia, como muchos otros de su generación, que había conseguido ir a la universidad y acabar una carrera. Hablaba perfectamente inglés y francés y se defendía correctamente con el castellano, y uno de sus dilemas fundamentales era la caída del cabello, en lugar de preocuparse por las inclemencias del invierno. Abogado en lugar de pastor de cabras. !Qué vueltas da la vida!. Se cruzó en la esquina de la avenida Tumenó con el ruso Vlado. Así se le conocía popularmente en aquella pequeña ciudad. Pero su nombre auténtico era Vladimir Sevchenko, primo del famoso jugador de fútbol. Raro era verle por allí, ya que residía con su mujer en Minsk, pero sin embargo allí estaba, doblando la esquina, predispuesto a entrar en la pastelería, cuando Dimitri le puso una mano en el hombro y, con ello, provoca el tropiezo del pobre chaval, probando que no tenía la misma agilidad con los pies que su primo, ya que al impacto del susto se unió la torpeza de pisárselos, lo cual conlleva que cae de rodillas al suelo, a la vez que gira la cabeza y reconoce la cara amiga, quedando la escena en un cómico saludo, al más puro estilo imperial. Hincado de rodillas, volvemos a la Rusia de los zares. No tardó en incorporarse utilizando la mano que Dimitri le tendía, y que sirvió para remediar la debacle gravitatoria ocurrida segundos antes. Y claro, Dimitri le preguntó lo que todo el mundo preguntaría, en esas circunstancias, con doble motivo: ¿que tal estás?. Vlado fue rápido en contestar que no había sido nada, dejando la vergüenza aparcada para los típicos comentarios que se hacen a la hora de cenar, que hacen que los contertulios se rían y que a más de uno se le salga, en ocasiones, la sopa por la nariz. Sin embargo, no tardó en comentarle todo tipo de penurias y desilusiones sucedidas en el corto espacio de tiempo en que no se habían visto-tres semanas-, sus dudas y su búsqueda de su verdadero yo, de la paz interior, de la reflexión necesaria para completarse a sí mismo, de conocerse mejor, de creer en su propia realidad, de vivir su vida y su propia historia. Dimitri escuchaba con atención, con el ceño cada vez más fruncido, pues no acababa de entender, realmente, cual era el problema de Vlado: al fin y al cabo -pensaba-, tiene casa, trabajo, mujer e hijos., y es feliz. No pasará ni ha pasado penurias jamás en su vida, y todo lo que le preocupa es substancialmente surrealista. Cuando Vlado terminó, al pié de la panadería, un relato de penurias incontingentes, Dimitri entendió por fin el por qué de la alta tasa de suicidios, y que más de la mitad de la población estuviera sujeta a depresiones.  Demasiadas búsquedas espirituales a cualquier precio y sin creer en nada, demasiados detalles con necesidad de clarificación. Demasiadas ganas de expresar demasiadas cosas en muy pocas palabras, demasiadas ganas de tener todo lo que se anhela en muy poco tiempo. En definitiva, demasiada búsqueda de pelusa en el ombligo.
    Le consoló lo mejor que pudo, pues aquello se había convertido en una explosión de sinceridad elemental, más allá del coloquial y primitivo saludo, y regresó a su casa divagando sobre aquel complicado tema que es la vida. Evidentemente, él también quería cosas, buscaba la felicidad, quería conocerse a sí mismo y alcanzar una paz espiritual y terrenal que le hiciese comprender mejor el mundo y tener una vida llena. Pero a pesar de todo, jamás habían conseguido aquellas preguntas, de difícil e insegura respuesta, que se plantease en términos tan fatales la necesidad de consecución de todos y cada uno de los objetivos vitales que necesita un ser humano. Así que cuando llegó a su casa, decidió mandarle un e-mail a su amigo, utilizando por cierto una de las mejores redes inalámbricas que existen en Europa, . El Email que envió a Vlado fué el siguiente:
     
    10 secretos para obtener la felicidad:
     
     
    1-la actitud: mis pensamientos son los que me hacen sentir feliz o desgraciado, no mis circunstancias. Sé capaz de cambiarte a ti mismo, y el mundo cambiará contigo. Lo único que puedes controlar son tus pensamientos y sentimientos.
     
    2-El cuerpo: Mis sentimientos son influidos por mi postura. Mira hacia arriba y sólo podrás reír, pues no conozco a nadie que haya llorado en esa postura.
     
    3-El momento: la felicidad no está en los años, meses, ni siquiera en los días. Sólo la podrás encontrar en el momento. Disfruta de cada momento como si en él se combinasen tu presente, tu pasado y tu futuro.
     
    4-La propia imagen. Cuanto más te conozcas, mayor será tu ventaja respecto a los demás.
     
    5-Las metas: una meta es un sueño con una fecha concreta para convertirse en realidad.
     
    6-La sonrisa: cuesta menos que la electricidad, pero da más luz.
     
    7-El perdón: lo maravilloso del perdón no es liberar al otro de su eventual culpa, sino que te libera a ti de un sufrimiento.
     
     
    8-la amistad: al igual que la mayoría de los sentimientos, debe fluir de manera natural, por lo tanto, no puede basarse en condiciones.
     
    9-la Fé: crea confianza, nos da paz mental y libera el alma de dudas. Pero no tengas miedo si alguna vez dudas, pues como dijo Unamuno: "Fé que no duda es Fé muerta"
     
    10-Dar: las leyes de la sinergia te darán con creces lo que des. Sólo el que aprende a dar está en camino de descubrir la verdadera felicidad.
     

    Por qué los ecologistas no suelen tener razón.

     
    Y es que no la suelen tener, es curioso, pero es así. Gracias a Dios, porque si no viviríamos una catástrofe constante y seguramente estaríamos, muchos de nosotros, muertos y calcinados, alimentando el cruel suelo de piedra inerte donde otrora crecieran flores, de las que sirven para decorar, para fumarse, para comerse o simplemente para estar ahí. Y eso se le ocurrió a Malthus, aquello de la Ley de los rendimientos decrecientes: si el malthusianismo fuese cierto, el crecimiento de la producción conduciría fatalmente a catástrofes ecológicas que reducirían la producción y finalmente llegaríamos realmente a las hambrunas globales pronosticadas como inminentes desde hace ya más de dos siglos. Para evitar tales catástrofes, los ecologistas proponen un empobrecimiento intencional, más o menos severo, en el frente económico y severas medidas de planificación familiar en el frente poblacional.
    Para el neo-malthusianismo, la mejor organización de la sociedad no sería aquella capaz de producir un bienestar creciente para una población creciente, sino aquel capaz de detener ordenadamente el crecimiento de producción y población y distribuir la producción decreciente de la forma más equitativa posible.
    Sin embargo, el malthusianismo, incluso el neomalthusianismo, están equivocados: la población humana se triplicó el pasado siglo mientras la producción de alimentos creció a un ritmo aún mayor. De hecho en la segunda mitad del mismo siglo la población se duplicaba y el suelo dedicado a la producción de alimentos no se ha incrementado. Exactamente lo contrario de lo predicho por Malthus (que predijo que no había suelo suficiente para alimentar a tanta población). Es curioso cómo los ecologistas se basan en las teorías de un hombre de tendencia política claramente conservadora(propugnaba dejar morir a los pobres para ahorrar recursos: nada de justicia social), para predecir las fatalidades de nuestro planeta.
     
    En 1968, el profesor Paul Ehrlich, héroe y mentor del vicepresidente Gore, predijo que EEUU padecería una gravísima hambruna. "En los 70 –afirmó–, centenares de millones de personas morirán de hambre". De acuerdo con los vaticinios de Ehrlich, 65 millones de americanos perecerían de inanición entre 1980 y 1989, y para 1999 la población de EEUU habría descendido hasta los 22,6 millones. Con todo, sus predicciones para la tierra de John Bull eran aún más lúgubres: "Si fuera aficionado al juego, apostaría a que Inglaterra no existirá en el año 2000".
     
    En 1972 el Club de Roma evacuó un informe en el que alertaba de que el oro se agotaría en 1981, el mercurio y la plata en 1985, el estaño en 1987 y el petróleo, el cobre, el plomo y el gas natural en 1992. Previamente, Gordon Taylor había afirmado, en The Doomsday Book (1970), que, si nadie se lo impedía, los americanos consumirían todos los recursos del planeta allá por el año 2000. También de 1970 data la siguiente profecía del biólogo de Harvard George Wald: "La civilización tocará a su fin en quince o treinta años, a menos que actúe de inmediato para resolver los problemas que tiene planteados la Humanidad"; y este augurio del senador Gaylord(fucker, licencia que me permito: aprovecho para aconsejar el visionado de "Meet the Fuckers", una peli divertidísima) Nelson: "[Para 1995,] entre el 75 y el 85% de las especies animales se habrán extinguido".
     
    Pero esto no es del pasado y añorado siglo XX. No, la catástrofe ecológico- malthusiana viene de lejos. En 1885 el Servicio Geológico de EEUU anunció que había "pocas posibilidades, o ninguna" de que hubiera petróleo en California; pocos años después dijo lo mismo de Kansas y Texas. En 1939, el Departamento de Interior anunció que las reservas americanas de petróleo durarían sólo 13 años más. En 1949, el secretario de Interior dijo que el desabastecimiento americano de petróleo estaba al caer. En 1974, el Servicio Geológico (volvemos a vérnoslas con este organismo) aseguró que EEUU sólo tenía gas natural para 10 años; el caso es que la American Gas Association dice que hay gas para los próximos 1.000 ó 2.500 años)
     
    Para los que crean que vamos a morir todos en unos treinta años- Gore dixit- Por culpa del calentamiento global, que sepan que, curiosamente, en 1970, los verdes vaticinaban un enfriamiento del planeta (antropogénico, claro), el advenimiento de una nueva Edad de Hielo y la muerte por inanición de miles de milloes de seres humanos.
    Cito textualmente las irónicas preguntas de Walter E. Williams al respecto (si cae algo suyo en vuestras manos, leedlo: estéis de acuerdo con él o no, no os dejará indiferente)
    ¿Qué tipo de medidas debió haber tomado el Gobierno para evitar ese desastre que jamás se produjo? En 1968, Ehrlich predijo que Inglaterra no existiría en el año 2000. ¿Qué debio hacer el Parlamento británico para prevenir semejante calamidad, que finalmente no tuvo lugar? En 1939 el Departamento de Interior advirtió de que EEUU sólo tenía petróleo para otros 13 años. ¿Qué tendría que haber hecho el presidente Roosevelt para prevenir lo que no vino?
    Y ahora una última pregunta que mi no tengo más remedio que hacerme: ¿qué nos hace pensar que el alarmismo ecologista es más digno de crédito ahora que ha cambiado el enfriamiento por el calentamiento global?El vapor de agua es el responsable de más del 95% del efecto invernadero, sin el cual la temperatura media de la Tierra podría ser de –17ºC. La mayor parte del cambio climático es producto de las excentricidades orbitales del planeta y de la actividad registrada en el Sol. Por otro lado, los pantanos naturales emiten cada año más gases de efecto invernadero que todas las fuentes de origen humano juntas.
     
                          
                                                                                                                                                                 UNA VERDAD INCÓMODA... PARA GORE
     
    SI NO NOS SALVA EL CAPITÁN PLANETA, ESTAMOS PERDIDOS XD                  
     
     
                                                                                       
                                                                                          MI APOCALIPSIS ES MÁS ESTILO TERMINATOR. Mooola O O
     
     

    El día que fuí racista

    Cuatro años. Esa es la edad que tenia la primera vez que ví a un negro. Bueno, seamos políticamente correctos; la primera vez que Cruz vio a un “hombre de color”. Aquel hombre lucía una floreada camisa hawaiana y esbozaba la sonrisa más luminosa que aquel niño, blanco y con rizos blancos surcándole la frente, había visto en su corta existencia. Le resultaba extraño que aquel hombre fuese tan… tan diferente. Sus ojos azules miraban desorbitados, desde la inocencia más descarada, a aquel  hombre, que ajeno a la expectación que había causado mantenía una animada conversación con una mujer de larga melena rubia, blanca como una tiza, que posiblemente  años después hubiese llamado más la atención del  curioso niño que aquel hombre. Pero claro, era la primera vez que se enfrentaba a algo así, tan alejado de la raza caucásica que distinguía a sus conocidos y familia. Buscaba irremediablemente una respuesta ante tal disparate llevado a cabo por la naturaleza. ¿Cómo era posible que no seamos todos iguales? Buscó con la mirada a su madre, que estaba entablando una conversación, posiblemente hablando de “cosas de mayores”, muy interesantes, muy importantes, vitales para el desarrollo normal del mundo occidental. Pero aquel día sucedía algo extraordinario. En la Plaza Bohemia, en La Manga, Cruz habíase topado con un señor que parecía blanco, se vestía como un blanco, se comportaba como un blanco… pero efectivamente, era negro. Desconocía si los negros se comportarían, al ser de otro color, de manera diferente a como se comportan los blancos. Era la primera vez que encaraba este problema, y a pesar de no ser un niño caracterizado por molestar demasiado, aquel día insistió en reclamar la atención inmediata de su madre, que le miró como sólo una madre puede mirar a un hijo, con esa mezcla de amor y paciencia. Cruz señaló, con cierto nerviosismo ante la necesidad de una explicación contundente, a aquel hombre de color, aludiendo a voz en grito que era… ¡negro!. La madre de la criatura, cariacontecida, disimuló una amplia sonrisa al paso de una pareja que se había quedado mirando, bastante sorprendida, a su vástago. “Es de mala educación señalar” había sido la respuesta última a la pregunta del ingenuo infante. Y dejó de señalar; pero no por dejar de señalar había desaparecido la natural inquietud del niño frente a la ausencia de una explicación.

    Así que, ahíto de curiosidad, Cruz se dirigió con paso firme, posiblemente con mirada decidida también, hacia aquel señor que disfrutaba de una refrescante copa muy bien acompañado, en una noche de verano de las más típicas murcianas: noches en las que la oscura densidad del cielo, a veces estrellado, refrescaba cuerpos y ánimos a los tórridos, cansados y sin embargo felices veraneantes. Eran los años ochenta, los felices ochenta, y el turismo de playa al estilo Benidorm todavía no había llegado a aquellos lares. Estaban, más o menos, los de siempre, y recuerdo que se podía pasear tranquilamente, saludando a gente que te conocía y a la que conocías y que preguntaba por familiares y amigos. El tiempo y la masificación han convertido aquellos tiempos en circunstancias lacrimógenas e imposibles actualmente. Aquella escuela de vela queda muy lejana en la infancia, junto con sus pequeñas travesías y sus calas. Calas y playas generalmente llenas de medusas, eso si, pero no por ello deja de ser un recuerdo bastante bucólico. Además, una vez aprendes a coger medusas con la mano- sin que te piquen-, son un arma de lo más efectiva… pero eso es otra historia.

    Y Cruz aún no sabía coger medusas con la mano, cuando llegó a la altura del taburete de la barra del bar donde se encontraba sentado el negro. Cogió con el descaro que sólo dan los años( se entiende: los pocos años o los muchos, muchos años), la mano de aquel hombre, que nunca sabremos si cogía medusas con ella, y al volverla y ver la palma de tono blanquecino, la duda se fraguó de nuevo en la viva mente de aquel niño. Y aunque era yo el que estaba allí y soy yo el que lo cuenta, no recuerdo que es lo que se me pasó por la cabeza en aquel momento. Pero seguro que algún cultureta lo llamaría un “brainstorming”, pues Cruz dedujo que, por supuesto, a aquel hombre le pasaba lo mismo que le pasaba a él cuando se ponía a jugar con los demás niños en el parque. Que, a veces, se ensuciaba. Aquel señor, seguramente, tendría por tanto un parque de arena para él solito. O a lo mejor trabajaba allí. También pensó en la posibilidad de que ese señor estuviese quemado por el sol, circunstancia que conocía muy bien, pues su madre siempre insistía en ponerle aquellas pringosas y desagradables cremas en la cara y demás partes de su cuerpo precisamente para evitarlo. Ni él (quiero decir mi yo niño), ni yo soportamos el desagradable y pringoso tacto de la protección solar. Pero seguro que, en ese instante, di gracias a Dios y a mi madre por haberme pringado de aquellos mejunjes, pues estaba claro que aquel señor estaba negro por haberle quemado el sol. Lo había visto una vez en una barbacoa: la carne se quemó, y se quedó efectivamente del mismo color del rostro que me contemplaba con creciente curiosidad. En todo caso estaba claro: o ese hombre estaba tremendamente sucio, o tremendamente quemado. Sólo había una forma de averiguarlo. El algodón no engaña, pensaba mientras la imagen del mayordomo buscando suciedad con aquél algodón me aleccionaba sobre lo que debería de hacer a continuación. Frotaría el anverso de la mano de aquel hombre: si salía suciedad, estaba claro que necesitaría un buen baño. Si no, debería de avisar a mi madre para que llamase a un hospital: no se podía dejar a aquel hombre a la intemperie, a merced de los elementos. Seguro que si estaba tan quemado le dolería que le tocase. Así que Cruz frotó la mano de aquel hombre, con delicadeza el primer segundo, con esmero cuando comprobó que no había reacción dolorosa, y por lo tanto era evidente que estaba tremendamente sucio.

     

    Y lo que son las cosas. En un mundo hostil, donde rara vez nadie dice otra cosa que no sea “yo”, y la gente se da por ofendida con muy poca cosa, resulta que aquel negro ni siquiera levantó la mano. En un gesto que denotaba inteligencia, una inteligencia de las que se ven poco, muy poco, se dio perfecta cuenta de que aquel niño blanquísimo, con blanquísimos bucles de pelo cayéndole sobre la frente, sólo buscaba respuestas a algo que desconocía. Y su gesto fue una sonrisa. Una sonrisa al comienzo de la improvisada inspección “sanitaria”, y una carcajada monumental una vez se dio cuenta de la situación que estaba viviendo- y nunca mejor dicho- en sus propias carnes. Lo cierto es que aquella risa resonaba fuerte, enérgica, positiva, ese tipo de risa contagiosa por lo sana, lo natural, lo espontánea que es. Y recuerdo perfectamente que, sin querer, yo también me eché a reír, dándome cuenta de que, efectivamente, aquel negro era, efectivamente, negro. Mis padres se acercaron, visiblemente conmocionados al verme raspar la mano de aquel negro en busca de explicaciones raciales, y mi madre me vino a dar la mano, avergonzada. No lo recuerdo, pero previsiblemente estaría roja como un tomate.

    Zama: la carga de los elefantes.

    Era un mes de octubre especialmente caluroso. Allí, en aquella llanura yerma, alejada del favor de los dioses y la misericordia de la vegetación, se hallaban en formación dos ejércitos dispuestos a luchar hasta la aniquilación, hasta el agotamiento repentino de la muerte a espada, vendiendo caro cada palmo de tierra que sus pesadas sandalias militares resguardaban del avance enemigo. Más de ochenta mil almas dispuestas a sacrificarse en una lucha intuitu personae, donde cada combate sería único, donde el hombre sería la medida del hombre por la fuerza de su propio coraje, de su propia destreza, de su propia condición física. Allí donde los amigos no podían ayudarte, porque estarían bastante ocupados tratando de sobrevivir, ya volaban en círculos bandadas enteras de enormes y salvajes buitres, que en pocas horas se podrían empezar a saciar de carne humana, antes de que hubiese un vencedor, si es que lo había y no se iban todos al infierno. En el desierto africano se encontraban las tropas mercenarias y africanas de Aníbal, que había sido obligado a volver a África después de la inutilidad del senado de su pueblo, más ocupado en enriquecerse que en reforzar su victoriosa campaña militar por toda Italia. Y cuando a un cónsul romano se le ocurrió la locura de atacar en suelo cartaginés, la inutilidad volvió a presidir las acciones del senado, uno de cuyos miembros, Giscón, a su vez general, fue vencido, como ya le ocurrió en Hispania, una y otra vez por aquel osado romano llamado Publio Cornelio Escipión. Tuvo que licenciar-o, lo que es lo mismo, dejar a merced de las legiones romanas-a más de diez mil de sus mercenarios, hombres con los que  había cruzado los pirineos. Todo porque el senado de Cartago, allí conocido como Balanza, se negó a enviarle, simplemente, más barcos para transportar a sus tropas. La victoria hubiese sido segura. Lo que más le pesaba era lo de los caballos: con la necesidad de desplazar un ejército entero en unas pocas trirremes, no había lugar para caballos… y tuvo que sacrificarlos a todos. Esperaba no echarlos de menos; ante él se extendía la caballería romana. A la izquierda, el rey Masinisa de Numidia, aliado de los romanos, se lanzaba en cuña con más de cuatro mil jinetes. Ese flanco estaba protegido por su propio aliado, Tequeo, que ambicionaba el trono y que guiaba una fuerza similar. Lo que más le preocupaba era el flanco derecho, pues su mejor general, Maharbal, sólo contaba con los bisoños reclutas que Cartago había conseguido reunir: inferiores en número, hijos de senadores en su mayoría, se enfrentaban al tribuno Lelio y una caballería que llevaba ya dos años luchando y matando, a veces muriendo, por aquellas tierras. No, pensó Aníbal, la batalla se deberá decidir por la fuerza de la infantería, en la que contaba con, al menos, cinco mil hombres más. Y Maharbal cumplió con las expectativas de su general en jefe, y comenzó una escaramuza con los caballeros de Lelio, con el único propósito de alejar más y más del centro del combate aquella turma de caballería. Y los romanos satisfacían sus deseos, pues comenzaban a perseguir la caballería de Cartago sin percatarse de que se alejaban, cada vez más, del centro del combate. A su izquierda, Tequeo contenía al joven rey Masinisa, y sus bestias chocaban brutalmente unas con otras, relinchaban, mordían, mientras sus jinetes hundían en la carne desnuda sus aceros, luchaban, amputaban, mataban y morían en un desenfreno inmisericorde de terror y sangre. El flanco izquierdo de Zama no era una batalla entre Cartago y Roma, -pensó Aníbal-. Era una guerra civil. Pero todo iba bien. Su ejército estaba desplegado en tres líneas bien diferenciadas: en la primera, estaban los mercenarios de su fallecido hermano Magón, en su mayoría hispanos y galos. Después estaban los soldados de la propia Cartago, un ejército que, por primera vez en más de catorce años de guerra, se enfrentaba a la amarga posibilidad de  la derrota  militar y política; a la conquista. En la tercera línea había mauritanos, libios, itálicos, galos, hispanos, númidas, seléucidas… la tercera línea llevaba doce años sin ser derrotada en combate.  Eran los mercenarios de Aníbal. Sus soldados. Pero no había que olvidar algo importante, pensaba Aníbal. Los elefantes. Ochenta bestias entrenadas para embestir y destruir. Y con arqueros en los cestos de su lomo. La más cruel de las caballerías, como dijo Aristóteles, eran los elefantes. Y les ordenó atacar. Sembrarían de destrucción y de caos las primeras líneas romanas. El caos sería la tumba de Escipión. Sus mercenarios entrarían como un cuchillo entre las desordenadas filas romanas. Y todo lo que quedaría por hacer sería matar. Matar, matar y matar. Igual que en Cannae. Bramaban sus elefantes. Ya era la hora. Se acercaba el fin.

     

    Cayo Valerio, posicionado en la primera línea de defensa romana, al frente de los hastati de la V legión, pudo ver cómo unas grandes bestias se empezaban a mover decididamente hacia ellos. Eran los elefantes.  Respiró varias veces con profundidad. Miró a ambos lados. Sus hombres tampoco podían evitar tener los ojos fijos en aquella manada de bestias que se acercaba adquiriendo cada vez más velocidad. Cayo Valerio carraspeó profusamente y escupió en el suelo. Tenía la garganta seca. Miró hacia atrás, buscando una señal del cónsul de Roma. Nada. Impasible. Le dolía el cuello. Había dormido en una mala posición, y tenía tortícolis. Movió el cuello a izquierda y derecha. Casi se echó a reír por preocuparse de una molestia tan nimia. Más aún cuando los elefantes avanzaban… ya a la carrera.

    -Maldita sea- dijo, sin que nadie pudiese oírle, concentrados agónicamente como estaban sus hombres en lo que se les venía encima. Escupió en el suelo de nuevo. Miró a sus hombres. Estaban todos con los ojos muy abiertos, los escudos clavados en el suelo, los pila a su lado. Las lanzas temblaban en sus manos. Estaban aterrados.” No van a aguantar… van a romper la formación”, pensó mientras veía a la tercera formación de sus manípulos, que no portaban arma alguna, sino que iban cargados con tubas, trompas, cornetas y otros instrumentos musicales. Qué desperdicio de fila, pero eran órdenes directas del general. Cayo Valerio notó entonces una extraña vibración que le recorría la pierna derecha, luego la izquierda. Se volvió hacia el enemigo. Los elefantes corrían hacia ellos. La tierra bajo sus pies temblaba. Cayo Valerio vio cómo vibraban los escudos de sus soldados y cómo las miradas de sus hombres ya no eran de terror, sino de un pavor desconocido, un horror que nunca había visto reflejado en la faz de ningún soldado antes de aquella mañana.

    -Mierda, mierda, mierda- repetía mientras salía de la formación y daba uno, dos, tres, cinco, diez, hasta veinte pasos por delante de la formación de hastati, superando a los vélites, auxiliares,  carne de cebo que de modo casi inconsciente se había replegado frente al avance de los elefantes. Cayo Valerio había leído lo peor que un centurión podía encontrar en el rostro de sus hombres: no iban a mantener la formación; el terror era demasiado poderoso. La tierra se agitaba bajo sus sandalias militares. El tribuno miró a los elefantes. Luego miró hacia sus hombres. Quería que le vieran todos. Él no se retiraba. Él iba a estar allí, sólo, si hacía falta. Si querían huir que vieran antes cómo moría un primus pilus de las legiones de Roma. Mierda, mierda, mierda. Miró de nuevo al cónsul. Nada. Quieto, como una insignia. Y tampoco había órdenes procedentes de las tubas. El único ruido que se escuchaba era el de la estampida de elefantes pisoteando la tierra de África en su irrefrenable carrera mortífera. Aquello era una locura. Un suicidio. No, no era un suicidio, era una devotio por su general, por las legiones, por Roma. Tragó la poca saliva que su boca acertaba a producir. Estaba seco y clavado en el suelo de aquella llanura como una estaca olvidada en el tiempo. Una estaca que temblaba por la abrumadora potencia de las pezuñas de los paquidermos al chocar contra el suelo sobre el que avanzaban como gigantescas catapultas en movimiento. Estaban a trescientos, doscientos, ciento cincuenta pasos...

    Cayo Valerio dio por última vez la espalda a su invencible enemigo, mirando a sus legionarios, se desgañitaba sin ceder un solo paso de su posición avanzada.

    -¡Mantened la formación! ¡Mantenedla u os mato a todos! ¡por todos los dioses que os mato!

    A su espalda escuchó el rugido de muerte de los elefantes. Se dio la vuelta. La muerte… pensaba recibirla de frente. A cien pasos de donde se hallaba se encontraba un paquidermo bestial, que corría directamente contra él. En lo alto del enorme animal, una gran cesta poblada por cuatro arqueros empezaba a arrojar flechas contra los romanos.

    -¡Aaaaaaaaah!- gritó con fuerza Cayo Valerio, como queriendo exorcizar el miedo que le atenazaba  la garganta como una tenebrosa garra. Al tiempo, a sus espaldas centenares de tubas y trompas resonaron, generando un fragor tan inmenso y ensordecedor como el de los bramidos de las propias bestias. Algunas de las enormes bestias, confundidas por el ruido que emitían las legiones, se habían asustado y abandonaban la formación intentando dar media vuelta. Eran los elefantes más jóvenes, los menos adiestrados, los más inexpertos, sorprendidos por el ruido de trompetas y tubas. Pero los guías que los controlaban, a gritos y golpes de maza, se afanaban en controlar a los elefantes enloquecidos. Y precisamente el animal que tiene frente a él, aunque al principio se amedrenta y reacciona contrariamente a los deseos de su guía, de Aníbal, de Cartago y de todos los dioses púnicos, finalmente encara al centurión y a poco más de doscientos pasos se lanza hacia él encorajinado por su guía africano. Temible, brutal será el final, la muerte, para  Cayo Lelio. Se zafa de su escudo. Se encara con el elefante. Lanza su brazo derecho hacia delante y tras él toda la fuerza de su hombro y de su cuerpo para arrojar su pilum contra el aire. La lanza surca el cielo con un silbido agudo, fino, certero. Cayo Lelio se reincorpora para ver si, con la ayuda de Marte, su pilum alcanza su objetivo. El arma degüella como un misil al guía del animal, ensartándolo de parte a parte, entrando por la garganta del africano, partiéndole la faringe, la arteria yugular y saliendo por el cogote con un chorro de profusa sangre caliente. El guía queda atravesado sobre el elefante, pues la lanza culmina su mortal e ingrávido viaje clavándose en la cesta donde van los arqueros cartagineses, de modo que aguel adiestrador de elefantes queda como una marioneta inerme sobre la testuz del titánico animal. El paquidermo siente que ya no hay quién le de órdenes y, al igual que otros compañeros suyos, se percata de los pasillos que se abren a sus ojos  y se encamina hacia ellos desechando el pequeño obstáculo que supone Cayo Valerio. El centurión siente el impacto de aire que el animal arrastra al pasarle rozando, pero sin pisarle.

    Se ha salvado y le entra la risa. Desenfunda la espada y se dirige hacia sus hombres siguiendo al elefante en su carrera. Pero Valerio se ha desprotegido al dejar caer el escudo en el suelo, para así tener toda la fuerza necesaria para alcanzar con su pilum al guía del enorme animal.

    -¡Apuntad a los guías, por Júpiter!, ¡Apuntad a los guías! ¡Apuntad…!

    Pero no termina la frase, pues un repentino golpe, que siente en la espalda, lo deja de pronto sin resuello. Uno de los arqueros le ha disparado con el mismo acierto con el que él acababa de ensartar al guía del elefante. Otro dardo se acerca a gran velocidad, y todo lo que puede hacer Cayo Valerio es echarse al suelo,  y la flecha se pierde en la lejanía, no sin antes susurrar su afilada punta la palabra muerte al oído del centurión, que sigue asombrado por tener tan buena suerte. No tanta como él quisiera, pues la flecha anterior había impactado sobre su hombro, y cuando se levantó y empezó a caminar el hombro le ardía, pero no le impedía andar y no parecía perder demasiada sangre. Ya se recuperaría de la herida al final de la batalla. Los elefantes, en su mayoría, se perdían por los pasillos que las legiones les abrían para permitirles la huída.  Cansados por la carga en estampida, sorprendidos y asustados por el atronador ruido de centenares, miles de tubas, los elefantes encontraron en los pasillos abiertos astutamente por las legiones la muerte por centenares de lanzas y flechas que caían sobre ellos. Otros animales habían retrocedido y se volvían contra los propios cartagineses, que respondían de una forma similar. Pronto todas las bestias estarían muertas por unos o por otros, pero entretanto se llevarían por delante a decenas, quizá centenares de hombres.

    -¡Mantened la formación, legionarios de la V! ¡Mantened la formación y atravesad a esos malditos elefantes con todo lo que tengáis!

    Cayo Valerio gritaba sus órdenes entre la polvareda que los elefantes habían levantado a su paso. Los hastati de la V le recibieron como un espectro que regresara de entre los muertos. Y le obedecían. Es difícil no obedecer a un centurión que te da órdenes en pie, con firmeza, a gritos, cuando éste tiene una flecha clavada en la espalda y sigue luchando como si nada.

     

    En la retaguardia cartaginesa. Aníbal no pudo evitar sonreír. Aquél Escipión era mucho más listo de lo que pensaba. La maniobra de los pasillos y las tubas para evitar a los elefantes había sido genial. Había evitado el caos y la destrucción que tradicionalmente acompañaban a los paquidermos en la guerra. Sin embargo, sus tropas estarían cansadas. Luchar a lanzadas contra aquellas descomunales bestias africanas no es fácil.  Los elefantes habían penetrado hasta las hileras de los príncipes y los triarii, en segunda y tercera línea de combate. Allí estaban siendo acribilladas con dardos y pila, pero los animales tardaban en morir y heridos eran más peligrosos. En su dolor, los paquidermos se revolvían sin rumbo fijo y embestían a todos los que se encontraban a su paso. Los legionarios caerían por decenas, heridos, pisoteados, ensartados por sus colmillos, golpeados por sus trompas, atravesados por los arqueros púnicos, aunque estos cada vez eran más cadáveres inmóviles sobre las bestias moribundas. Al final, seguramente algunos animales, cubiertos de sangre suya y de sangre cartaginesa, embadurnadas sus pezuñas hasta las mismísimas descomunales rodillas con sangre romana, alcanzarían el final de la formación romana y se perderían lentamente más allá de los triarii. Aníbal dudaba de que Escipión ejecutase a aquellas bestias. No podía permitirse perder más lanzas ni, ocasionalmente, más hombres. Entendió la gran posición de ventaja de la que disfrutaba. Sin caballería a la que recurrir, los romanos, menores en número y mucho más cansados, sucumbirían ante la fuerza arrolladora de la carga de sus mercenarios. Ordenó que avanzase la primera línea. La victoria era inevitable…

    La Evolución de las Matemáticas.

    La evolución de un problema matemático:

    ENSEÑANZA DE 1960:
    Un campesino vende un saco de patatas por 1000 ptas. Sus gastos de producción se elevan a 4/5 del precio de la venta. ¿Cuál es su beneficio?

    ENSEÑANZA DE 1970:
    Un campesino vende un saco de patatas por 1000 ptas. Sus gastos de producción se elevan a 4/5 del precio de venta, esto es, a 800 ptas.
    ¿Cuál es su beneficio?

    ENSEÑANZA MODERNA DE 1980:
    Un campesino cambia un conjunto P de patatas por un conjunto M de monedas. El cardinal del conjunto M es igual a 1000 ptas., y cada elemento vale 1 Pta. Dibuja 1000 puntos gordos que representen los elementos del conjunto M. El conjunto F de los gastos de producción comprende 200 puntos gordos menos que el conjunto M. Representa el conjunto F como subconjunto del conjunto M y da la respuesta a la cuestión siguiente: ¿cuál es el cardinal del con! junto B de los beneficios?
    Dibuja B con color rojo.

    LOGSE:
    Un agricultor vende un saco de patatas por 1000 ptas. Los gastos de producción se elevan a 800 Ptas. Y el beneficio es de 200 ptas.
    Actividad: subraya la palabra "patata" y discute sobre ella con tu compañero.

    LA PRÓXIMA REFORMA SOCIALISTA:
    "El tio Evaristo, lavriego burges latifundista espanyol i intermediario es un Kapitalista insolidario y centralista q saenriquecido con 200 pelas al bender espekulando un mogollón d patatas".
    Analiza el testo, vusca las faltas de sintasis dortografia de puntuacion, y si no las bes no t traumatices q no psa nda.
    Envía unos sms a tus compis comentando los avusos antidemocraticos d Ebaristo i convocando una manifa espontanea n señal d protesta. Pásalo"

    la misteriosa muerte de Calzones Amarillos

    En una pequeña ladera bañada por el sol del mediodía, cuando era mediodía, y por la luz argenta de la madrugada, cuando era madrugada, se hallaba el pequeño poblado Sius más pequeño que existe en la reserva india de Cuahtemochiplitiarriquitaun. Era un poblado modesto, que no tenía grandes lujos, y si muchas privaciones. En las casas de los lugareños no había fonopuerta, sino pequeñas heces mohosas que utilizaban a modo de cantos planos, para tocar en la ventana del visitado, y que éste procediese a abrir la puerta, mediante un sistema de contracargas basado en la ley de hont: si querían los nacionalistas, abrían. Si no, pues no.  En las casas no había frigoríficos, sino indios con las manos frías que sujetaban la comida. Calentaban sus casas, en este ingeniosísimo paso de hablar del frío a hablar del calor, con gas natural. Pero natural, natural. De ese que te quedas tranquilico después. Había ventanas, y puertas, incluso había habitaciones y todas esas cosas que os gusta a vosotros que haya en las casas de los indios, alguna piel de lobo, de toro, de oso de los bosques, de cordero lechal, etc… lo que no había era vaqueros, porque básicamente el presupuesto no daba para más, y la alternativa era poner sombreros a los buitres, pero eso quedaba muy cutre y al final pues lo tuvimos que dejar tal cual. Pero no pasa nada, porque la cultura de los Sius daría para unas líneas más y así dejamos descansar a los Clín Isbut y compañía, que ya se están quedando viejunos y tampoco les vamos a tocar los guarripeichis a base de galopadas y cargarse indios y esas cosas que os gustan a vosotros tanto, todo sangre y destrucción, con indios en culos por todas partes, y alguna vaquera ingenua con un generoso escote.  Lo del  escote también lo probamos pero no hubo manera de convencer a mi primo Deuterenomio el del pueblo. Sólo quería salir desnudo, pero el atrezzo de la piel de oso ya lo teníamos, así que tuvimos que decirle que no.  El caso es que en aquella pequeña ladera de Matapuercos vivían los Sius, que eran así como indios pero en blanco. Eran blancos sucios, pintaos. El jefe de aquella simpática ladera llena de indios era Calzones Amarillos. Sus profundos ojos negros estaban llenos de paz, y de legañas. Reflejaban la sabiduría de civilizaciones antigunas, como la Encarta. No obstante, a diferencia de todas las tribus de las de antes, en las que el jefe se elegía por su sabiduría, por su edad, por su valor, por su honor, por su inteligencia, por su carisma para con su pueblo, los Sius eligieron a Calzones Amarillos por una razón muy sencilla: era el mas oscuro de todos, el que más indio parecía. Todos los viernes, Calzones Amarillos mandaba una expedición al Caprabo, a comprar alcohol en cantidades abundantes, y  se reunían en Alonso Martínez y se ponían a contar historias y a hacer el indio.  Vivían de lo que les daba ElCampo. Perdón, quería decir Alcampo, pues allí trabajaban de transportistas. Pero a pesar de lo que pueda parecer, no todo era paz y felicidad en la tribu. Calzones Amarillos tenía un enemigo mortal, que deseaba su muerte más que la tercera edad desea a Sara Montiel. Todo aconteció el día del 24 cumpleaños de Calzones Amarillos. Mojino Escozío, el anterior jefe de la tribu, había muerto de cirrosis, y era necesario, esencial para el devenir de la tribu, elegir otro líder que supiese colar a toda una tribu en el Kinépolis. Sólo quedaron dos candidatos posibles a suceder al viejo líder muerto- murió con casi 35 años, casi ná…- Calzones Amarillos y Cerumen En La Oreja. La prueba de fuego que determinaría quién sería el líder era vencer al malvado demonio Sífax. Sífax tenía forma de segurata de la discoteca Pachá. Sería aclamado jefe de la tribu aquel que consiguiese derrotar a Sífax en Combate singular. Cerumen En La Oreja, que era un hombre enratonao, con el pelo churretoso- no se le veía limpio-, intentó acometer al monstruoso puerta de la única manera en que tendría algún tipo de posibilidad de vencerle. Intentaría darle pena  y, cuando estuviese descolocado, con el lacrimal desbordado por la sucesión de patéticos acontecimientos que le iba a contar, le daría una patada justo en la parte donde los cojoncillos están menos recauchutados, y no es que duela, es que jode. Con esa idea había tenido la precaución de llenarse de bolitas de papel la punta del zapato, para no hacerse daño el, se entiende. Se acercó a él y empezó a contar todo aquello que había pensado soltarle: “ mis padres eran hippies, me dieron una educación muy liberal, no me regañaban nunca y teníamos que ir siempre en culos… bueno, que eso no era una educación ni era nada.  Pero claro, yo siempre he sido una persona sensible, no sabes? Y  me traumatizó tanto que cuando mi tía Leocadia me regaló un Hamster no se me ocurrió otra cosa que someterle a una operación de cambio de sexo, pero claro como era tan pequeñito el pobre animal, me equivoqué y le hice un pene que más que un pene era una pena: me salió más doblado que una curva de la M-30. Desde entonces, el pobre Abominable siempre mea hacia la izquierda. Pero  bueno, en realidad nunca se quejó porque es un animal muy callado y no molesta mucho. Lo único es que hay que tener cuidado cuando lo coges, porque el roce le hace pupilla en sus cositas. Hay que cogerlo siempre tumbao a la derecha- En este punto, el guardia le pidió amablemente que se marchase. No le escuchó, porque en la tribu de los Sius, los nombres indios no son cursiladas, son hechos reales. Y Cerumen en la Oreja es Cerumen en la Oreja. Calzoncillos Amarillos es… bueno, sigo con la historia-, porque si lo coges hacia la izquierda pues está mal. Cuando crecí intenté dedicarme a la industria del porno, pero no me dejaron porque soy feo. Míreme, soy muy feo. Soy más feo que un bulldog masticando una avispa. Soy tan feo, que cuando nací, el doctor fue a la sala de espera y le dijo a mi padre: “hicimos lo que pudimos…pero salió”- en este momento, el segurata se crujía los nudillos a la vez que sonreía misteriosamente…-, fíjese si soy feo, que mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugase conmigo. Soy tan feo, que trabajaba en una tienda de animales, y la gente no paraba de preguntarme cuánto valía yo. Una vez en una discoteca una chica absolutamente perfecta, como esas que salen en la televisión, vino hasta donde estaba yo, que me había acercado hasta aquella discoteca por oler, y me dijo “ ven a mi casa, que no hay nadie”. Cuando llegué no había nadie. Además tengo un problema gastrointestinal interno que hace que… prrfadd-eructo-, ups… un provechito, jeje….-los puntos suspensivos acontecen porque, en medio de la explicación, un puño crujió la mandíbula de Cerumen en la Oreja: le había avisado ya tres veces para que se largase, su suciedad corporal le impidió oírlo, y le dio un recadito, porque le tenía que dar, claro-… bueno, tampoco hace falta ponerse así, que ya si eso me voy sin más, eh? Sin problemas ni cosas así bizarras. Que yo reparto felicidad…”. Así fue el contundente fracaso de Cerumen en la Oreja.

    Ahora probó suerte Calzones Amarillos, que se acercó a Sífax y le dijo:

     -Tío,... se los has contado a todo el mundo menos a mi
    - ¿El qué...?
    - Los pelos de los huevos!!!

    En ese momento un musculado brazo de gimnasio o de anabolizantes para caballos, o quizá un poco de todo, un fifty fifty de esos, descargó su mala leche sobre la cara de Calzoncillos Amarillos. Pero justo antes de que el impacto rompiese los vasos sanguíneos, los huesos y demás tejidos de la nariz de nuestro héroe, éste grito: “soy hemofílico!!”. El puño se paró a la vez que una mueca de asco surgió en la cara del puerta, momento que Calzones Amarillos aprovechó para impulsar su cuello y con él su cabeza, que iba pegada, hacia la arquitectura nasal del bicharraco aquel. Brotó sangre y el mareo hizo que el segurata cayese de culo sobre el sucio suelo. Allí, entre la masa de gente que luchaba por entrar, Calzones Amarillos pugnaba por salir antes de ser apalizado por los amigos de aquel ser. Vitoreado, fue proclamado líder, aquel trece de abril, el mismísimo día de su 24 cumpleaños. Mientras tanto, su rival lloraba en una esquina, “ayyy, ayyy”, con cara de… bueno, con cara de que se la hubiesen partido. 3 años después, en el 27 cumpleaños de Calzones Amarillos, se celebró una fiesta de las que no se hacían en el campamento desde que secuestraron a Tamara, digooo… a Ambar, y montaron un espectáculo con un gitano y una cabra.  Tamara comía cosas de metal  encima de la cabra y el gitano tocaba la guitarra entre tanto. Esta vez contaban con la presencia del Coro de Pedos de Basauri, que crearon un ambiente mágico en medio de la noche, con fuegos artificiales y olor a quemado.  Calzones Amarillos se levantó a decir unas palabras: “Estimados…”. Y murió. Y esto es una muerte más misteriosa de la que puedan escribir en sus libros tanto Stephen King como Michael Crichton, que además son más largos que la infancia de Heidi, más aún que el campo de Oliver y Benji. Porque… sabéis por qué murió así, de repente?. No lo sabéis. Y yo tampoco. Esto es más misterioso que la portera de Edgar Alan Poe…y más simple que el vocabulario del correcaminos. Si, amigos, si. Mec- Mec.

    Papilla de Guizmo: huele a pies y sabe a chorizo.

    A pesar de que el día sea largo cuando lo ha sido, es decir, cuando empezó para mí a las ocho y media de esta mañana, tengo la desavenencia de ponerme a escribir. Lo sé, es muy tarde y debería estar metido en la cama. Durmiendo. Diablos, no. Leyendo. Eso sí. No sé que me ocurre últimamente, pero ahora soy capaz de dormir seis horas nada más, y estar relativamente bien. Y es lo que hago. No me entran más. Esta última frase podría tener un contexto muy diferente, si. Gargantas profundas aparte, lo cierto es que más horas no logro conciliar el sueño. Lo más preocupante de esta situación es que no tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir a continuación, por lo que es posible que un zombie manco, de esos de las peliculas del genial George A. Romero, que salen con medio cerebro y medio desarrapados de los cementerios tuviesen más creatividad que yo(nota mental: por lo que pueda pasar, a mí me enterrarán, si o sí, de Armani. Si lo se, lo de las cenizas es muy bucólico, pero yo creo en la ciencia y en los desastres radiactivos, y no quiero resucitar de cualquier manera). Me está pasando por la imaginación hablar de Mickey Mouse. Se lo que estáis pensando, malditos sádicos de mierda, pero tenéis razón: la comida del burguer king tiene excesivas grasas saturadas, no las consumáis despues de media noche o os pasará algo irremediable... es mejor recalentar las sobras al micro- hondas ( Micrro... Hondasss!!!!). Ya os lo advertí, y os lo advertí precisamente porque yo lo había hecho. Y una hora después de consumir la sobresaturación de grasa animal, acabo de hacerme una papilla de Guizmo. Que por cierto, huele a pies y sabe a chorizo. Normal, es chino. Seguro que un Gi- Joe sabe igual. O un He- Man, pero más picante. El caso es que me imagino una gran noticia en un programa de estos apestosos del corazón hablando de mickey mouse. de darse en algún país, sería en Chorrilandia, el país donde los Ewoks se depilan y los niños reciben una educación hippie. Bueno, que eso no es ni educación, ni es nada, porque no les regañan nunca y están todo el día en culos.  Este país estaría localizado en algún lugar del mapa entre Granoyers y Alabama. Y la noticia en cuestión relataría el intento de acoso sexual por parte de mickey mouse a una compañera de rodaje de la película: "no es país para viejos", en la que mickey mouse actuaría representándose a sí mismo como asesino psicópata que mataría a todo aquel ser humano mayor de 25 años que no viese "House of Mouse", los domingos después de la resaca. La compañera de rodaje sería la típica estúpida de película que en vez de coger una pistola coge una banana para defenderse, se cae doce veces en diez metros, se equivoca de llaves del coche y sin embargo se salva. Si, Scary Movie hizo estragos en mi inocente juventud. Y en la tuya también, querido lector, pues si no no sabrías de que cojones estoy hablando. Y lo sabes. Así que procura ver House... of Mouse, este domingo. La actriz en cuestión estaría encarnada por el ídolo adolescente en España en este momento. La mujer que todo hombre se querría llevar a la cama para hacer cualquier cosa menos dormir. Yo soy muy antiguo y supongo que las tetas de pamela anderson marcaron un antes y un después en mi forma de ver el mundo erótico festivo que se "abría" ante mí , y éste tipo de tías  pues sinceramente no me gustan, pero soy tolerante. Estamos hablando, como no podía ser de otra manera, de Pilar Bardem. Hay que ser muy, muy, muy pervertido para acosar sexualmente a Pilar Bardem, o intentarlo. Pero estamos hablando de mickey mouse, con minúscula. Un ratón desalmado, una rata. Al parecer Pilar Bardem se habría defendido usando precisamente un raticida que previamente había adquirido en la droguería regentada por chinos de la esquina de su mansión... digooo... humilde casa de actriz no subvencionada por los impuestos de millones de ilusos que creen  que el calvo de la lotería algún día volverá a hacer los anuncios de la once...
    Asi que roció con aquel spray al roedor violador, que, confuso, se retorció en cómica agonía mientras goofy y donald se retorcían las manos de impaciencia a la espera de un papel protagonista que nunca tuvieron en la compañía. Sin embargo mickey sobrevivió. Fué precisamente en un restaurante en Paquévaleéso, capita chorrilandesa, donde a la salida del hospital, semanas después, daría explicaciones sobre su actuación: " Tengo un rabo que me lo piso desde hace más de 50 años. Lo raro es que no haya pasado nada más, teniendo en cuenta que estoy rodeado todo el día de niños que me piden besos y abrazos. Sólo quiero vivir como la rata que soy!!". Gran gesto de ecuánime sinceridad, la del roedor. Se podría ver por supuesto, un condimento verde en el plato de mickey, un verde espeso, humeante, que delataba una preparación del plato de la casa: un Guizmo con Commando Cobra. Y de postre, Teletubbies. 

    Muere un gran hombre. A su manera, le echaremos de menos

    No era un hombre simpático. Ni siquiera tenía carisma. Era más bien tosco, difícil en las formas, en el tratamiento. Sus tierras eran su mayor preocupación desde que, a los diecisiete años, tuvo que ocuparse forzosamente de ellas. Su padre había muerto, y no tuvo otro remedio que subirse a su caballo y proteger sus posesiones. Trabajó largos años en el campo, con un azadón atado a la espalda y un revólver en el cinto, para sacar sus tierras y a su familia adelante. En una Argentina difícil, el campo se hacía más difícil, casi salvaje, y la supervivencia consistía en seguir vivo un día tras otro, y en que no te robasen demasiadas cabezas de ganado, para poder comer durante ese año. Pero mi tío José Mari hizo mucho más que eso. Era un personaje de los que ya no quedan, un modelo de trabajo y capacidad de sufrimiento que la sociedad actual ha relegado a los ilusos que quieren prosperar. Porque mi tío José Mari, nacido en Bilbao, prosperó. No tuvo vida social, ni amantes, ni tiempo para pensar en ello. Quizá la necesidad lo llevó a superarse, pero lo hizo de una manera extraordinaria. Después de veinte años de duro trabajo, que se dice pronto pero, supongo, debieron ser una pesadilla de horas y horas de trabajo bajo el sol, de largos paseos a caballo bajo la penumbra de una luna que bañaba de plata unas tierras hostiles a la mano del hombre, vigilando el ganado, José Mari tuvo dinero para empezar a comprar las tierras cercanas a las suyas. Me consta que algunas de esas tierras eran yermas. Me consta que, hoy en día, en ellas se alza la mayor plantación de soja de toda Argentina. Aquel “gallego” que había ido a Argentina a buscar fortuna, finalmente empezaba a alcanzar su sueño. En los veinte años siguientes José Mari acabó comprando la mayor parte de las tierras de cultivo y labranza de Santa Fé, y se había convertido por sí sólo en uno de los principales exportadores de ganado de toda la Argentina. Alguna vez habéis comido en La Vaca Argentina? su carne era de las reses de José Mari. Su éxito personal no dejaba de empañar su escasa capacidad para socializarse. Alguna vez estuvo casado, con una señora de clase alta de Bilbao, pues su apellido, Chalbaud, en aquel entones todavía era conocido en la alta sociedad bilbaína; todavía hoy lo hace, en parte gracias a su propio esfuerzo, pues no hay nada que te reporte más fama social que la envidia.  Lógicamente el matrimonio de conveniencia estaba abocado al desastre, y así fue. La primera vez que le vi, a este primo de mi madre me lo presentaron como “el tío de argentina”. Le tendí la mano, mirándole a los ojos para recordar su rostro. Recuerdo una mueca de ironía: acaso fue la primera vez que le estrechaba la mano a un niño. Pero aquel hombre reclamaba un apretón de manos, no dos besos, como es costumbre cuando eres tan pequeño como yo lo era entonces. Ironías de la vida, hace ya tiempo que tengo la edad social suficiente como para saludar como un hombre, con un apretón de manos, y sin embargo hace años que saludo al “tio de argentina” con un abrazo. Eso si, un abrazo distante, como sin querer comprometer demasiado afecto. La última vez que nos saludamos, no obstante, una palmadita en la espalda- que no me dolió, pero casi-, me indicó algo de humanidad por su parte. Era un hombre extraordinariamente fuerte, y cuando digo extraordinariamente fuerte, lo digo porque lo era: pues una mudanza me hizo comprobar de primera mano que era capaz de sostener, con una mano y sin dificultades, un baúl que entre mi padre, mi hermano y yo, sólo éramos capaces de arrastrar malamente. Parecía salido de un Western, un John Wayne de la vida real enganchado a su caballo en Argentina, con sombrero y todo. Duro como las piedras que le sirvieron de mojones para indicar los límites de sus fincas. En los últimos tiempos, quiso vivir, ya con la vida resuelta y a los sesenta años, todo lo que no había vivido anteriormente. Y tuvo una hija, que esperaba bautizar, en Asturias, este mes de julio. Siempre repartía parte del ganado entre sus trabajadores, tanto en tiempos de bonanza como con crisis.  Confiaba en ellos tanto como ellos confiaban en el, que es mucho. No es de extrañar por tanto que fuese precisamente uno de sus trabajadores, un veterinario, el que le alertase sobre unos dolores que sufría en el estómago desde hace varios días. José Mari se desentendió del asunto. Había huelga en Argentina, la gente andaba revuelta, robos, tiros aislados y ganado revuelto, muerto a tiros por los propios vaqueros que cuidaban de él, presas de la rabia y de la impotencia. Una vez más tenía que subirse a su caballo, picar espuelas y recorrer sus propiedades, intentando calmar a los agricultores y vaqueros que trabajaban para él, que protestaban contra la nueva medida del gobierno. A nadie le perjudicaba más aquella medida propia de otras latitudes y otras épocas-es decir, años cincuenta y en Rusia-, que a mi tío. Pero en esos momentos sólo quedaba apretar los dientes, subirse a su caballo y calmar a los hombres y a las bestias. Imagino que fue así como un agudo dolor lo obligó a desmontar por última vez, hincar la rodilla en el suelo, mientras sus trabajadores, los amigos más fieles que en su vida ha tenido, le llevaban como podían al hospital más cercano. Le diagnosticaron un paro digestivo, y le dieron dos horas de vida. Le extirparon el intestino y el hígado. Sobrevivió dieciocho horas. No sufrió, a pesar de todo, pues las paso sedado. Es así como se van los grandes hombres, los de la sonrisa desaparecida en un rictus que recordaba el trabajo que cuesta llegar al éxito, los que no saben lo que es trabajar, sino que reinventaron el término trabajar. Se va un buen hombre, sin grandes frases y sin molestar.  Que Dios le tenga en su gloria, y que nos espere muchos años.

    La mañana de ayer

    Mi móvil suena de repente con una exhalación de sonidos desacertados

    Dejo de soñar justo cuando empezaba la parte más cursi de mi sueño:

    Una sonrisa dulce que me transmite cariño, alegría y pasión, una mirada…

    Pero la mañana se rompe con un bostezo cuando pongo los pies en el suelo

    Después de tanto dormir las ojeras se desdibujan con un recuerdo,

    Sus labios esbozando aquella sonrisa que recuerdo desde el mes de enero.

    Que febrero y marzo no se ofendan,  pues también les tocó a ellos sonreír

    Y mientras busco las zapatillas con los dedos, confío su sonrisa a este abril

    Homenaje póstumo a Einstein es mi pelo desbaratado, bajo a cazar café

    Y lo atrapo en una taza, caliente lo bebo de golpe, me tengo que mover

    Son quince minutos para vestirme y llegar a clase, qué se le va a hacer!

    Me visto a toda prisa, me lavo los dientes… y en el espejo sonrío sin querer

    Homenaje a un gran escritor

     Fué uno de los autores del "Cara al Sol", himno falangista. Tambien era conde-. "¿cómo no voy a ser de derechas, si soy conde, rico, gordo y diplomático? ¿qué quieren ustedes que sea?'"-,  Motivos suficientes para acabar en el baúl de los recuerdos, pues así es la política. Se llamaba Agustín de Foxá. era diplomático y fascista. Motivos suficientes- supongo que el de fascista más-, para que se le haya relegado al olvido. En la Memoria Histórica de Zapatero no cuentan los fachas, aunque, como es el caso, sean escritores de un talento extraordinario. Si bien es verdad que Foxá escribió "Madrid de Corte a Checa", donde habla del grado de envilecimiento en algunos sectores del bando republicano, Foxá fué, sobre todo, un poeta sin parangón. Hace relativamente poco cayó en mis manos una pequeña recopilación de su poesía, sencillamente, impresionante. Dos muestras pequeñísimas de su talento: un epitafio a un marqués de la época: "epitafio en honor de un conocido marqués ya fallecido, algo pedorro y miramelindo: Dejó este mundo de abrojos/al fin el señor marqués./ El marqués cerró los ojos./ Los tres”.
     
    y esta conmovedora poesía:
     
    Melancolía del desaparecer:

    Y pensar que después que yo me muera
    aún surgirán mañanas luminosas,
    que bajo un cielo azul, la primavera,
    indiferente a mi mansión postrera,
    encarnará en la seda de las rosas.

    Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
    sobre mis huesos danzará la vida,
    y que habrá nuevos cielos de escarlata,
    bañados por la luz del sol poniente
    y noches llenas de esa luz de plata,
    que inundaban mi vieja serenata,
    cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

    Y pensar que no puedo en mi egoísmo
    llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
    que he de marchar, yo solo hacia el abismo,
    y que la luna brillará lo mismo
    y ya no la veré desde mi caja